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Nidar
— Glosario · Letra R

Rotura uterina

Desgarro de la pared del útero durante el embarazo o, casi siempre, durante el parto. Es muy rara en un útero sin cirugías previas y algo más frecuente cuando hay la cicatriz de una cesárea, sobre todo si el parto se induce. Es una urgencia que obliga a una cesárea inmediata.

Qué es y cuántas veces pasa de verdad

La rotura uterina es la apertura de la pared del útero, casi siempre durante el trabajo de parto, por la que el bebé, la placenta o la sangre pueden salir hacia el abdomen. Los informes distinguen a veces la rotura completa, que atraviesa todas las capas, de la incompleta o dehiscencia, en la que la capa más externa sigue intacta. La diferencia importa: en un registro nacional holandés posterior, de dos años, las roturas incompletas no tuvieron ninguna consecuencia grave, y los problemas se concentraron en las completas, con una frecuencia de 2,5 por cada 10.000 nacimientos.

El estudio más citado sobre su frecuencia real también es holandés: recogió todos los casos de los 98 hospitales del país entre 2004 y 2006, más de 371.000 partos. Hubo 210 roturas, una de cada 1.709 embarazos, y el 87 % ocurrieron en mujeres con una cicatriz en el útero, casi siempre de una cesárea. En úteros sin cicatriz fueron menos de una por cada 10.000 partos. El dato que menos se cuenta es que el 72 % ocurrieron en partos que empezaron solos, no inducidos, y que un 13 % fueron en úteros sin cirugía previa: es rara, pero no exclusiva de quien intenta un parto vaginal tras cesárea.

Lo que sube el riesgo: la cicatriz, el tipo de incisión y cómo se inicia el parto

Con una cesárea previa, el riesgo depende sobre todo de dos cosas. La primera es el tipo de corte que se hizo en el útero, que no tiene por qué coincidir con la cicatriz de la piel: la incisión transversal baja, la habitual, es la de menor riesgo, mientras que la incisión vertical o clásica lo multiplica tanto que las guías desaconsejan intentar un parto vaginal después. Por eso, si piensas en un parto vaginal tras cesárea, pide el informe quirúrgico de la anterior. La segunda es cómo empieza el parto. En el estudio de Lydon-Rochelle, con más de 20.000 mujeres con una cesárea previa del estado de Washington, la rotura ocurrió en 5,2 de cada 1.000 partos de inicio espontáneo, en 7,7 de cada 1.000 inducidos sin prostaglandinas y en 24,5 de cada 1.000 inducidos con prostaglandinas, frente a 1,6 por 1.000 con cesárea programada sin trabajo de parto.

Esa cifra de las prostaglandinas es la razón de que el misoprostol no se use para inducir a mujeres con una cesárea anterior y de que, si hace falta inducir, se prefieran métodos mecánicos como la sonda con balón o la oxitocina, con una vigilancia más estrecha. Fuera de la cicatriz, el estudio holandés encontró más riesgo con la inducción en general, con la epidural, con el embarazo antes de término o pasado de fecha, con el sobrepeso y con la edad materna más alta. La epidural no causa la rotura, pero aparece asociada porque es más frecuente en los partos largos o estimulados.

Las señales, y el mensaje para quien busca «riesgo de rotura tras una cesárea»

La señal más precoz no suele notarla la madre, sino el monitor: una alteración brusca del latido del bebé en el registro cardiotocográfico. En el registro holandés, las mujeres con una rotura con consecuencias graves tuvieron mucho más a menudo alteraciones del registro y dolor abdominal durante el parto, y esas señales aparecían sobre todo entre 20 y 60 minutos antes del nacimiento. Otras son un dolor intenso y distinto al de las contracciones, sobre todo en la zona de la cicatriz y que no desaparece entre ellas, un sangrado vaginal, que las contracciones se detengan de repente o que la cabeza del bebé, que estaba bajando, vuelva a subir. Por eso a una mujer con cesárea previa se le recomienda parir en un hospital con quirófano disponible y con monitorización continua: el margen de tiempo es corto.

Si has llegado aquí preguntándote si intentar un parto vaginal tras una cesárea es arriesgado, el número que necesitas está en la ficha de la cesárea: alrededor de una rotura por cada doscientos intentos, y una cesárea programada tampoco es riesgo cero. Lo que añade esta ficha es qué significa ese riesgo para el bebé. En el gran estudio de la red americana de medicina materno-fetal, con casi 18.000 intentos de parto vaginal, la rotura sintomática ocurrió en el 0,7 %, y la lesión cerebral por falta de oxígeno atribuible a una rotura, en 0,46 de cada 1.000 mujeres a término: menos de una de cada 2.000. Ni la histerectomía ni la mortalidad materna fueron más frecuentes que con la cesárea programada. Es un riesgo real, pequeño en números absolutos, y una decisión que te corresponde tomar con tu equipo con los datos delante.