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Nidar
— Glosario · Letra R

Reflejo de Moro

Reflejo primitivo del recién nacido ante un cambio brusco de posición o un estímulo repentino: abre los brazos y las manos y después los recoge hacia el pecho, a menudo llorando. Está presente al nacer, se apaga a partir de los 3 meses y desaparece hacia los 6. Lo que más preocupa es que falte.

Cómo lo explora el pediatra, y por qué

El reflejo lleva el nombre del pediatra Ernst Moro, que lo describió, y forma parte de la exploración neurológica de cualquier recién nacido. Hay varias formas de provocarlo, pero una revisión sobre los reflejos primitivos publicada en el International Journal of Pediatrics explica que hoy la más usada es la de la caída de la cabeza: con el bebé boca arriba, sostenido por una mano bajo la espalda y otra bajo la cabeza, se deja caer la cabeza unos centímetros hacia atrás. La respuesta completa tiene dos tiempos: primero abre y extiende los brazos con las manos abiertas, y después los cierra hacia el cuerpo. Para que la prueba valga, el bebé debe estar despierto pero sin llorar, y con las dos manos abiertas, porque un puño cerrado puede frenar la respuesta de ese lado.

Su valor no está en que aparezca, que es lo esperable, sino en lo que dice cuando falla. El centro del reflejo está en el tronco del encéfalo, entre la parte baja de la protuberancia y el bulbo, y con la maduración del cerebro la corteza lo va inhibiendo. Por eso sigue un calendario muy regular: según la misma revisión, con la técnica de la caída de la cabeza se provoca en todos los bebés sanos durante las primeras 12 semanas; a partir de ahí la proporción de bebés sin respuesta sube deprisa, hasta un 80 % a las 20 semanas, y normalmente ya no aparece a los 6 meses. En los prematuros explorados a la edad equivalente al término, o a los 4 meses de edad corregida, la respuesta es parecida a la de los nacidos a término.

El brazo que no se abre: menos fiable de lo que se cuenta

Casi todas las páginas repiten que un Moro asimétrico, con un brazo que responde y otro que no, delata una fractura de clavícula o una lesión del plexo braquial. Es verdad que una lesión local puede frenar el reflejo de un lado: la revisión cita la lesión de un nervio periférico o de la médula cervical y la fractura de clavícula. Pero añade dos matices que casi nunca se cuentan. El primero, que la asimetría se ve también en bebés sanos, a veces solo porque tenían una mano cerrada durante la prueba. El segundo es el importante: en un estudio prospectivo, ninguno de 22 recién nacidos con fractura de clavícula tuvo un Moro asimétrico. Los autores concluyen que el valor del reflejo para detectar esas fracturas no debe sobrestimarse; para eso sirven la palpación de la clavícula y la observación de cómo mueve el brazo.

Lo que sí tiene un valor diagnóstico alto es la ausencia del reflejo en el periodo neonatal. Según la revisión, un Moro que falta o está muy disminuido en los primeros 2 o 3 meses puede indicar una lesión en el parto, una asfixia grave, una hemorragia intracraneal, una infección, una malformación cerebral, una debilidad muscular de cualquier causa o una parálisis cerebral de tipo espástico. El extremo contrario también dice algo: un Moro exagerado es típico del síndrome de abstinencia neonatal en hijos de madres que consumían opioides u otras drogas. Y persistir más allá de los 6 meses se considera anormal y es frecuente en niños con discapacidad intelectual, como en el síndrome de Down, y en algunas formas de parálisis cerebral.

Si el informe dice «Moro presente y simétrico», o no lo dice

En el informe del alta o de la primera revisión es habitual leer «Moro presente, completo y simétrico», o solo «reflejos arcaicos presentes»: significa que la exploración neurológica básica es normal. Si pone «Moro asimétrico», lo esperable es que el pediatra explore la clavícula y el movimiento del brazo, y que vuelva a mirarlo en unos días; muchas veces se debe a una causa pasajera. Motivos para consultar sin esperar a la siguiente revisión: que un brazo cuelgue o se mueva mucho menos que el otro, que el bebé llore al moverle un hombro, o que en las primeras semanas no reaccione nunca a los ruidos o movimientos bruscos y esté muy flojo. Y en el otro extremo, si a los 6 meses el bebé sigue abriendo los brazos con cada sobresalto, coméntalo en la revisión.

El Moro es también el motivo por el que muchas familias recurren al arrullo o fajado: el bebé se sobresalta, se despierta con sus propios brazos y el fajado lo evita. La Academia Americana de Pediatría no lo prohíbe, pero pone condiciones claras. El bebé fajado siempre boca arriba y vigilado para que no se dé la vuelta, porque dormir fajado boca abajo aumenta el riesgo de muerte súbita y de asfixia; dejar de fajarlo en cuanto muestre cualquier intento de darse la vuelta, algo que algunos bebés empiezan a hacer a los 2 meses, y un fajado que deje las piernas flexionadas y abiertas, porque apretarlas estiradas se asocia a displasia de cadera. Saber que el Moro se apaga solo hacia los 4-6 meses ayuda a verlo como una fase, no como algo que haya que corregir.