Quiste de plexo coroideo
Pequeña bolsita de líquido en el plexo coroideo, la estructura del cerebro fetal que fabrica el líquido cefalorraquídeo. Se ve en el 0,5-2,5 % de las ecografías del segundo trimestre, suele desaparecer antes de la semana 28 y, aislado, no afecta al desarrollo del niño.
Una burbuja en la fábrica de líquido, no en el cerebro que piensa
El nombre asusta porque lleva la palabra quiste y porque está en la cabeza, pero conviene saber dónde está exactamente. El plexo coroideo es un tejido esponjoso que se encuentra dentro de los ventrículos laterales, las cavidades llenas de líquido del interior del cerebro, y su función es fabricar el líquido cefalorraquídeo. En el feto es proporcionalmente grande y se ve muy bien en la ecografía, como dos manchas brillantes a cada lado. Un quiste de plexo coroideo es una pequeña bolsa de ese líquido que queda atrapada dentro del propio plexo: no está en el tejido cerebral que forma las neuronas, no presiona nada en la inmensa mayoría de los casos y no es un tumor. El informe puede decir si es uno o varios, si está en un lado o en los dos, y cuánto mide.
Es un hallazgo frecuente y pasajero. Una revisión sistemática de 2026, con diez estudios y más de 10.600 fetos explorados, encontró una prevalencia de entre el 0,5 % y el 2,5 %, con la mayoría de los casos detectados entre las semanas 16 y 22, justo cuando se hace la ecografía morfológica. La misma revisión concluye que la mayor parte de los quistes aislados desaparecen solos. En una serie de 55 fetos con quistes diagnosticados entre las semanas 16 y 25, de tamaños que iban de 2 a 24 mm, todos los de los embarazos que siguieron adelante habían desaparecido antes de la semana 28. Que desaparezca no es un signo de que algo se haya arreglado: es lo que hacen normalmente, porque el plexo coroideo cambia de aspecto a medida que el cerebro madura.
La relación con la trisomía 18, que es lo que de verdad se valora
Si el quiste de plexo coroideo aparece en los libros como marcador, es por la trisomía 18 o síndrome de Edwards, no por el síndrome de Down, y por eso la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM) habla de estimar la probabilidad de trisomía 18 cuando se encuentra. La clave está en que la trisomía 18 casi nunca llega sola a la ecografía: suele acompañarse de otras malformaciones que la propia ecografía ve. La revisión de 2026 lo refleja: los quistes aislados, en embarazos con cribado bioquímico normal o ADN fetal negativo, no se asociaron de forma significativa a alteraciones cromosómicas; los que venían acompañados de otros hallazgos, en cambio, sí multiplicaban el riesgo de trisomía 18 y de otras alteraciones genéticas.
La serie de 55 casos lo muestra a pequeña escala. De los 50 fetos a los que se estudió el cariotipo, dos tenían trisomía 18 y uno trisomía 21; y de los seis embarazos con cariotipo alterado o malformación, cinco tenían anomalías estructurales visibles en la propia ecografía. Con esos datos, la recomendación de la SMFM es muy clara: si el cribado combinado o el ADN fetal fueron de bajo riesgo y el quiste está aislado, no se hace ningún estudio más, porque se trata de una variante normal sin importancia clínica que no necesita ecografías de control ni revisión del bebé al nacer. Si no te hiciste cribado, lo indicado es calcular la probabilidad de trisomía 18 y ofrecerte un ADN fetal en sangre materna, no pasar directamente a una prueba invasiva.
Si en tu informe pone «quiste de plexo coroideo»
La pregunta que casi todo el mundo se hace, aunque no la diga en voz alta, es si eso afectará a la cabeza del niño. Hay un estudio que lo miró directamente: siguió a 25 niños a los que se había visto un quiste aislado antes de nacer, con cariotipo normal, y los comparó con 45 niños sin él. A los 18 meses no hubo diferencias en ninguna de las medidas: desarrollo mental y motor con escalas estándar, comportamiento durante las pruebas, actividad física registrada con acelerómetros y control autonómico del corazón. Es un estudio pequeño, pero va en la misma dirección que todo lo demás, y sus autores lo presentan como una información tranquilizadora para familias y profesionales.
En la práctica, lo que importa son dos datos del resto del informe. Si la ecografía morfológica completa no ha encontrado nada más, ni en el corazón, ni en las manos, ni en el crecimiento, el quiste está aislado. Y si tu cribado del primer trimestre o tu ADN fetal salieron de bajo riesgo, no hay nada que hacer: no hace falta pedir otra ecografía para comprobar que ha desaparecido, ni una resonancia, ni una ecografía de la cabeza del bebé al nacer. Si en cambio aparecen otros hallazgos, el quiste deja de ser el protagonista y lo que se estudia es el conjunto, con consejo especializado y pruebas genéticas más completas, como el microarray. Pero en ese caso será la ecografista quien te lo plantee; un quiste solo, con un cribado tranquilizador, no es motivo para ello.
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