Hiperémesis gravídica
Forma grave de náuseas y vómitos del embarazo que empieza antes de la semana 16, impide comer o beber con normalidad y limita mucho la vida diaria; puede causar deshidratación y pérdida de peso. Tiene una base biológica (la hormona GDF15 que produce la placenta) y requiere tratamiento médico, a veces con ingreso.
La hormona que la explica no es la hCG, y el hallazgo es de 2023
Durante décadas se atribuyó la hiperémesis a la hCG, porque sube y baja al mismo ritmo que las náuseas. El sospechoso real resultó ser otro: la GDF15, una hormona que actúa sobre una zona del tronco del encéfalo relacionada con el vómito y el apetito. Un estudio publicado en Nature a finales de 2023, firmado en primer lugar por Marlena Fejzo, mostró tres cosas. Que las embarazadas con más GDF15 en sangre vomitan más y tienen más hiperémesis. Que casi toda la GDF15 que circula en la sangre de la madre embarazada la produce la unidad feto-placentaria, no ella. Y, lo más llamativo, que el riesgo no depende solo de cuánta hormona llega, sino de lo sensible que es la madre a ella.
Esa sensibilidad depende de cuánta GDF15 tenías antes del embarazo. Las mujeres con niveles bajos de forma natural, por variantes genéticas, tienen más riesgo de hiperémesis: su cerebro no está acostumbrado y la subida brusca del embarazo le pega de lleno. El caso contrario lo confirma: las mujeres con beta-talasemia, que tienen la GDF15 alta de forma crónica, apenas refieren náuseas en el embarazo. En ratones, exponer antes al animal a la hormona reduce su respuesta posterior, lo que apunta a que el sistema se desensibiliza. De ahí salen las líneas de tratamiento que se investigan ahora: bloquear el receptor de la GDF15 o, en mujeres con riesgo, exponerlas a la hormona antes de concebir. Ninguna está disponible todavía.
Cómo se diagnostica hoy, y por qué ya no manda la báscula
La definición clásica exigía perder más del 5 % del peso previo, tener cuerpos cetónicos en la orina y alteraciones de los electrolitos. El problema es que con esos requisitos muchas mujeres que no podían comer ni beber, y que llevaban semanas sin poder hacer vida normal, se quedaban fuera por no cumplir la cifra exacta. En 2021 un consenso internacional en el que participaron investigadores, profesionales y mujeres que la habían pasado, conocido como definición de Windsor, propuso cuatro criterios: que los síntomas empiecen pronto (antes de la semana 16), que haya náuseas y vómitos y al menos uno de los dos sea intenso, que impidan comer o beber con normalidad, y que limiten mucho la vida diaria. Los signos de deshidratación cuentan a favor, pero no son imprescindibles. Así que si en tu informe de urgencias pone «hiperémesis» aunque no hayas perdido ese 5 %, no es un error ni una exageración: es el criterio actual, que mira lo que los vómitos te impiden hacer más que un número en la báscula. Y al revés, que la tira de orina salga sin cetonas no significa que lo tuyo sea leve.
El componente hereditario es fuerte y tiene nombre. Se calcula que afecta hasta al 2 % de los embarazos y que reaparece en torno al 80 % de las mujeres que ya la han tenido. Un estudio con familias afectadas encontró que las variantes del gen GDF15 ligadas a producir más hormona acompañaban a la enfermedad en esas familias, y que una variante concreta se asociaba a multiplicar por ocho el riesgo de repetirla. Por eso, si tu madre o tu hermana la tuvieron, o tú la tuviste en un embarazo anterior, conviene decirlo en la primera visita y tener un plan de tratamiento preparado antes de que empiecen los vómitos, en lugar de esperar a estar deshidratada.
El ondansetrón y el miedo a tomar algo: los números reales
El tratamiento va por escalones (lo repasamos en el artículo sobre hiperémesis), y el fármaco que más dudas genera es el ondansetrón, porque varios estudios pequeños sugirieron un aumento de malformaciones. El estudio más grande hasta la fecha, con más de 1,8 millones de embarazos en Estados Unidos y más de 88.000 expuestos en el primer trimestre, dio una respuesta concreta. No hubo más malformaciones cardiacas ni más malformaciones en general. Sí apareció un pequeño aumento de fisura labial o palatina: 14 casos por cada 10.000 nacimientos en los expuestos frente a 11,1 en los no expuestos, unos 2,7 casos más por cada 10.000 tras ajustar.
Traducido: si 10.000 mujeres toman ondansetrón en el primer trimestre, unas tres tendrán un bebé con una fisura que no habrían tenido de otro modo. Es un riesgo pequeño que hay que poner en la balanza con el de no tratar, que no es cero: la deshidratación, la pérdida de peso y el déficit de tiamina tienen consecuencias para ti y para el embarazo. Por eso la decisión se toma con tu médico, normalmente cuando los primeros escalones no han funcionado. Ten en cuenta también que ese estudio miraba la exposición en el primer trimestre, que es cuando se forman los órganos del bebé; es ahí donde está la duda. Lo que no hay que hacer es aguantar sin tratamiento por miedo a la medicación ni por la idea de que es psicológico: los genes y la hormona dicen lo contrario.
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