Hemangioma infantil
Tumor benigno de vasos sanguíneos, el más frecuente de la infancia: la «mancha fresa» roja y abultada que aparece en las primeras semanas de vida, crece durante unos meses y después involuciona despacio. La mayoría no necesitan tratamiento; los que están en sitios delicados se tratan pronto, sobre todo con propranolol.
Una mancha que no estaba al nacer y crece deprisa
El hemangioma infantil es una proliferación de vasos sanguíneos pequeños en la piel o justo debajo. «Tumor» suena mal, pero es benigno: no se extiende ni se vuelve maligno. Lo tiene hasta un 5 % de los bebés, según la guía de la Academia Americana de Pediatría (AAP), y en un estudio de San Diego que siguió a 594 recién nacidos, un 4,5 % a los tres meses. Es más frecuente en niñas, en prematuros, en bebés de bajo peso y en gemelos o partos múltiples. El superficial es la clásica «mancha fresa», roja, abultada y de superficie algo granulada; el profundo, bajo la piel, se ve como un bulto azulado o violáceo; muchos mezclan las dos partes.
Lo que lo distingue de otras manchas vasculares es su calendario. Casi nunca está al nacer, o apenas se insinúa como una zona pálida o unos vasitos finos, y aparece en las primeras semanas. Después crece, y lo hace pronto: según la AAP, el crecimiento más rápido e intenso ocurre entre el primer y el tercer mes, y en la mayoría ha terminado hacia los 5 meses. Luego viene una fase de meseta y una involución lenta, en la que el rojo se apaga hacia el gris y el bulto se ablanda y se aplana a lo largo de años; el NHS británico sitúa la desaparición hacia los 7 años. La mancha salmón en la nuca o los párpados, en cambio, está desde el nacimiento, es plana y no crece: es otra cosa.
Esperar a que se vaya ya no es la respuesta para todos
Durante décadas el consejo fue el mismo para casi cualquier hemangioma: esperar, porque se va solo. Es verdad para la mayoría, pequeños y en sitios sin importancia. Pero la guía de la AAP de 2019 insiste en dos matices que cambian el manejo. Uno: muchos dejan, al involucionar, cambios permanentes en la piel, como piel más fina, restos de vasitos o un sobrante de tejido blando, así que «se va» no siempre significa «no deja rastro». Dos: como el crecimiento se concentra en los primeros meses, hay una ventana corta para actuar. Por eso recomienda que los hemangiomas potencialmente problemáticos se valoren o deriven pronto, idealmente hacia el mes de vida, y no cuando ya han crecido.
¿Cuáles son esos? Los de la cara que pueden dejar cicatriz o deformar, sobre todo nariz y labio; los que rodean el ojo, porque pueden tapar la visión o alterar el desarrollo del ojo; los que pueden afectar a la vía aérea; los que se ulceran, que duelen y cicatrizan mal; los del hígado; y los grandes y segmentarios de la cara, que obligan a descartar malformaciones de los vasos del cerebro y del arco aórtico. Para tratarlos, el propranolol cambió el panorama. En el ensayo aleatorizado de Léauté-Labrèze, publicado en 2015 en el NEJM con 456 bebés de 1 a 5 meses, la pauta de 3 mg por kilo al día durante 6 meses consiguió la desaparición completa o casi completa en el 60 % frente al 4 % con placebo, y el 88 % había mejorado ya en la quinta semana. Un 10 % de los que respondieron necesitó volver a tratarse después.
Si lo pone en el informe o te lo ha visto el pediatra
Que el pediatra escriba «hemangioma infantil» en la revisión suele ir con una de dos indicaciones: vigilar o derivar. Si es pequeño, está en el tronco o las extremidades y no molesta, lo normal es vigilarlo en las revisiones. Una foto del móvil cada una o dos semanas, con la misma luz y algo de referencia de tamaño, ayuda mucho a saber si está creciendo deprisa, que es lo que importa en los primeros meses. No hay que ponerle cremas caseras, presionarlo ni intentar quitarlo. Si alguna vez sangra por un roce, basta con presionar con una gasa limpia unos minutos.
Pide que lo vea el especialista, dermatólogo pediátrico, sin esperar a la siguiente revisión si está en la cara, cerca del ojo, en el labio, la nariz o la zona del pañal, si crece rápido, si se abre en una herida o si hay muchos. Si os proponen propranolol, es el tratamiento de elección según la AAP, a 2-3 mg por kilo al día, normalmente durante al menos 6 meses y a menudo hasta el año de edad. En el ensayo, los efectos adversos conocidos del fármaco, como bajada de azúcar, de tensión o del pulso y broncoespasmo, fueron poco frecuentes y no más que con placebo; aun así, te explicarán cómo darlo con las tomas y qué hacer los días que el bebé coma poco o esté enfermo. Para los pequeños, finos y superficiales existe el timolol en gotas o gel, y el láser o la cirugía quedan casi siempre para los restos que dejan después.