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Nidar
— Glosario · Letra A

Amenaza de aborto

Sangrado vaginal en la primera mitad del embarazo con el embrión vivo dentro del útero y el cuello cerrado. Es un diagnóstico de lo que ha pasado, no una predicción: la mayoría de estos embarazos siguen adelante con normalidad. En inglés se llama threatened miscarriage.

«Amenaza» describe el sangrado, no lo que va a pasar

La palabra asusta, y es comprensible, pero en un informe de urgencias «amenaza de aborto» es una etiqueta descriptiva con tres condiciones: has sangrado, la ecografía ha visto un embarazo dentro del útero con latido, y el cuello uterino está cerrado. No quiere decir que el médico crea que vas a perder el embarazo; quiere decir que ha sangrado un embarazo que, en ese momento, está vivo y en su sitio. La diferencia con los otros diagnósticos del mismo capítulo es justo esa: en el aborto en curso el cuello ya se ha abierto, en el incompleto parte del tejido ha salido, y en el diferido el embrión ya no tiene latido aunque no haya habido sangrado.

Lo que dicen los números es tranquilizador. En una cohorte de Singapur publicada en 2025, con 1.080 mujeres atendidas por amenaza de aborto entre las semanas 5 y 12 con un embarazo intrauterino único, el 17,3 % acabó en aborto antes de la semana 16: más de ocho de cada diez siguieron adelante. Ese mismo estudio encontró que el riesgo no es igual para todas; pesaban la edad, los abortos previos, la semana, la ausencia de latido y, sobre todo, una progesterona en sangre baja. Por eso ver el latido en la ecografía de urgencias es la mejor noticia que puedes llevarte ese día, y por eso el origen del sangrado muchas veces no llega a saberse: el cuello del útero en el embarazo sangra con facilidad, y a veces aparece un hematoma junto al saco que se reabsorbe solo.

El reposo no ha demostrado nada, y lo poco que sí tiene respaldo

El consejo más repetido ante un sangrado del primer trimestre sigue siendo guardar cama, y es justamente el que menos base tiene. La revisión Cochrane sobre reposo para prevenir el aborto solo encontró dos ensayos, con 84 mujeres entre los dos, y no hubo diferencia significativa; si acaso, el número de abortos fue algo mayor en el grupo de reposo (riesgo relativo 1,54, con un intervalo que incluye el 1). Sus autores concluyen que no hay evidencia de calidad que apoye mandar reposo a mujeres con sangrado y embrión vivo. El razonamiento de fondo, que la propia revisión recuerda, es que entre la mitad y dos tercios de los abortos se deben a alteraciones cromosómicas del embrión, algo en lo que la actividad física no influye.

La guía británica NICE, que es la referencia más actualizada en este tema, separa dos situaciones. Si es tu primer embarazo o no has tenido abortos antes, no propone ningún tratamiento: solo que vuelvas si el sangrado aumenta o dura más de 14 días, y que si se para sigas con tus controles normales. Si ya has tenido algún aborto, recomienda progesterona micronizada vaginal, 400 mg dos veces al día, mantenida hasta la semana 16 si se confirma el latido. La ficha de progesterona explica en detalle de dónde sale esa recomendación y por qué el beneficio es modesto; lo importante aquí es que no es un tratamiento para todas, sino para ese grupo concreto.

Si te lo acaban de poner en el informe de urgencias

Lo primero: no has hecho nada para provocarlo, y no hace falta que dejes de trabajar ni que te quedes tumbada. Lo razonable es hacer vida tranquila y fijarte en cómo evoluciona el sangrado. Vuelve a urgencias si se vuelve abundante, como una regla fuerte o más, si expulsas coágulos grandes o tejido, si tienes dolor intenso tipo cólico o en un solo lado, fiebre o sensación de mareo. Si eres Rh negativo, quizá te preguntes por la inmunoglobulina anti-D: la versión de 2026 de la guía NICE indica no ponerla en una amenaza de aborto hasta las 11+6 semanas, aunque los protocolos varían entre hospitales y conviene preguntarlo en tu centro.

Una vez superado el episodio, el embarazo sigue su curso normal, con un matiz que conviene conocer sin agobiarse. Una revisión sistemática publicada en BJOG, con 14 estudios, encontró que las mujeres que habían sangrado en el primer trimestre tenían después algo más de riesgo de parto prematuro (odds ratio 2,05), de rotura prematura de membranas antes de término (1,78), de hemorragia por placenta previa (1,62) y de bebé pequeño para su edad (1,54). Son riesgos relativos sobre complicaciones que en conjunto son poco frecuentes, así que la inmensa mayoría de estas mujeres tiene un embarazo sin incidencias. Lo práctico es que tu matrona o tu ginecóloga sepan que sangraste, para tenerlo en cuenta en los controles.