Aborto de repetición
Pérdida de dos o más embarazos antes de que el feto sea viable, según la definición actual de la sociedad europea de reproducción (ESHRE); otras guías más antiguas exigían tres. Afecta a un 1-2 % de las parejas. Da derecho a un estudio específico, aunque en muchas parejas no se encuentra ninguna causa y el pronóstico sigue siendo bueno.
¿Dos o tres? La definición cambió, y con ella quién tiene derecho al estudio
Durante décadas, hablar de aborto de repetición exigía tres pérdidas seguidas, y muchas mujeres oyeron eso de «hasta el tercero no se estudia». La guía de la ESHRE, la sociedad europea de reproducción humana, rebajó el umbral en 2017 a dos pérdidas, y lo mantuvo en su actualización de 2022. No exige que sean consecutivas, cuentan igual los embarazos espontáneos que los de reproducción asistida, y quedan fuera el embarazo ectópico y el molar, que tienen causas propias. Con esa definición, el problema afecta a alrededor del 1-2 % de las parejas.
La guía propone además llamarlo «pérdida gestacional recurrente» y reservar «aborto de repetición» para cuando todas las pérdidas se han confirmado como abortos dentro del útero, y pide abandonar expresiones como «embarazo químico» o «huevo huero», que considera ambiguas. En la consulta verás usar ambos nombres casi como sinónimos. Lo que importa en la práctica es que, a partir de la segunda pérdida, es razonable pedir que te deriven a una consulta específica, y que el cuándo empezar el estudio se decide entre el médico y la pareja, porque la propia guía reconoce que no hay datos para fijar el momento exacto.
Lo que merece la pena estudiar, y lo que la guía pide no hacer
El estudio recomendado es más corto de lo que mucha gente espera. La ESHRE recomienda buscar anticuerpos antifosfolípido (anticoagulante lúpico y anticardiolipina) tras dos pérdidas, porque su síndrome es la causa tratable más clara; revisar la anatomía del útero en todas las mujeres, con ecografía transvaginal 3D como técnica preferida, que distingue bien un útero septo de uno bicorne; y hacer TSH y anticuerpos antitiroideos. El cariotipo de los dos miembros de la pareja no se pide de rutina, sino tras valorar el riesgo individual, y el análisis genético del tejido del aborto no es sistemático, aunque si se hace se recomienda un array (array-CGH) porque se contamina menos con células maternas.
Igual de útil es la lista de lo que la guía desaconseja, porque muchas de esas pruebas se venden en consultas privadas. No recomienda estudiar las trombofilias hereditarias salvo que haya otros factores de riesgo, ni analizar las células NK en sangre o en endometrio, ni los antígenos HLA, ni la resistencia a la insulina. En tratamientos, desaconseja la inmunización con linfocitos y las inmunoglobulinas intravenosas, dar levotiroxina a mujeres con tiroides normal y anticuerpos positivos (dos ensayos, TABLET y T4life, no mostraron más nacimientos), y la progesterona vaginal cuando no hay causa y tampoco sangrado. La aspirina con heparina se reserva para el síndrome antifosfolípido con tres o más pérdidas, algo que la ficha de ese síndrome cuenta con detalle.
Si te acaban de decir que cumples la definición
El dato que conviene tener delante es el de pronóstico. En la serie danesa de Lund y colaboradores, con 987 mujeres atendidas en una unidad especializada por aborto de repetición el 66,7 % había tenido un hijo nacido vivo cinco años después de la primera consulta, y el 71,1 % a los quince años. Eso en una unidad de referencia, que recibe los casos más complicados. La probabilidad baja con la edad y con el número de pérdidas previas, y la ESHRE pide desde 2022 que el pronóstico se haga con la historia completa: no solo cuántas pérdidas, sino también si ha habido algún parto y en qué orden.
En lo práctico: si el estudio sale normal, no significa que se haya hecho mal ni que falte buscar más; significa que estás en el grupo de causa desconocida, que es justo aquel al que se refieren las cifras de pronóstico de arriba, y que muchas parejas en esa situación acaban teniendo un hijo sin ningún tratamiento especial. La guía recomienda cuidar lo que sí depende de la pareja, como dejar de fumar, limitar el alcohol y mantener un peso saludable, y, si había alteraciones del tiroides, que en el siguiente embarazo se mire la TSH pronto, hacia las semanas 7-9. La progesterona vaginal sí puede ayudar si, tras tres o más pérdidas, vuelves a sangrar en un embarazo nuevo. Y el apoyo emocional forma parte del tratamiento: repetir una pérdida intensifica el duelo, y la guía lo trata como una necesidad, no como un extra.
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