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Nidar
— Glosario · Letra P

Pielectasia

Dilatación leve de la pelvis renal del feto, la zona del riñón donde se recoge la orina. Se diagnostica si su diámetro anteroposterior mide 4 mm o más en el segundo trimestre, o 7 mm o más en el tercero. Es frecuente y la mayoría se resuelve sola, antes o después del parto.

Qué se mide exactamente y qué números usa hoy el informe

Pielectasia, pielocaliectasia, hidronefrosis leve o dilatación de la vía urinaria son palabras distintas para un mismo espectro: la pelvis del riñón, el embudo donde se junta la orina antes de bajar por el uréter hacia la vejiga, se ve más ancha de lo habitual. Lo que se mide es su diámetro anteroposterior, en un corte transversal del riñón fetal, y en los informes aparece como DAP o APD. Es uno de los hallazgos más frecuentes de la ecografía prenatal: se describe en entre el 1 % y el 5 % de todos los embarazos. Como el riñón y la pelvis crecen con el feto, el umbral depende de la semana. Se habla de dilatación cuando el diámetro alcanza 4 mm en el segundo trimestre o 7 mm en el tercero; por debajo de eso, la pelvis que se ve con un poco de orina es simplemente normal.

Para ordenar ese espectro, muchos informes usan hoy la clasificación UTD, que sustituyó los viejos «leve, moderada y grave». Antes del parto tiene dos categorías. UTD A1, el riesgo bajo, es un diámetro de 4 a menos de 7 mm en el segundo trimestre, o de 7 a menos de 10 mm en el tercero, sin nada más. UTD A2-3, el riesgo alto, es un diámetro de 7 mm o más en el segundo trimestre o de 10 mm o más en el tercero, o bien cualquier medida acompañada de algo anormal: cálices periféricos dilatados, un riñón de aspecto alterado, uréteres visibles, una vejiga anómala o poco líquido amniótico. Lo que casi todo el mundo llama pielectasia corresponde a la A1. Después del nacimiento la escala cambia de nombre (P1, P2 y P3) y se aplica a ecografías hechas a partir de las 48 horas de vida.

Lo que suele pasar después, con cifras

El pronóstico depende sobre todo del grado. Un metanálisis de 17 estudios y 1.308 niños seguidos desde la ecografía prenatal hasta el diagnóstico definitivo calculó que el riesgo de encontrar alguna alteración de la vía urinaria después de nacer era del 11,9 % con dilatación leve, del 45,1 % con moderada y del 88,3 % con grave. En ese «alguna alteración» entra de todo, desde un reflujo de orina de la vejiga al riñón hasta una estrechez en la salida de la pelvis; y el riesgo de reflujo, curiosamente, era parecido en todos los grados. La revisión más reciente sobre evolución a largo plazo lo resume en tercios: aproximadamente una tercera parte de las dilataciones diagnosticadas antes de nacer desaparecen antes del parto, otra tercera parte en los primeros años de vida, y en el resto la dilatación persiste o se acaba diagnosticando una malformación de la vía urinaria. La necesidad de operar es baja, entre el 0 % y el 2 % en la mayoría de las series.

La pielectasia también es un marcador blando, y ahí conviene poner las cosas en su sitio. En el metanálisis de 48 estudios sobre marcadores del segundo trimestre, la hidronefrosis leve tiene un cociente de probabilidad positivo de 7,63 para la trisomía 21, pero esa cifra mezcla casos aislados con casos que traen otros hallazgos, y los autores concluyen que la mayoría de los marcadores, solos, modifican poco el riesgo; la pielectasia no está entre los cuatro que sí lo mueven. Por eso la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM) recomienda no hacer ningún estudio cromosómico adicional por una dilatación urinaria aislada si el cribado combinado o el ADN fetal fueron de bajo riesgo. Si no te hiciste cribado, lo indicado es calcular la probabilidad y ofrecerte un ADN fetal, no una amniocentesis directamente.

Si en tu informe pone «pielectasia»

Lo importante de este hallazgo es el riñón, no los cromosomas, y el plan es de vigilancia, no de intervención. Para una dilatación aislada de riesgo bajo (UTD A1), la SMFM recomienda una ecografía a partir de la semana 32 para decidir si el bebé necesitará seguimiento de urología o nefrología pediátrica; muchas veces en esa ecografía la pelvis ya ha vuelto a la normalidad y ahí se acaba todo. Si la dilatación es de riesgo alto (A2-3), el seguimiento se ajusta a cada caso y se deja planificado el control después del parto. Lo que no cambia es el embarazo en sí: una pielectasia no es un riñón que no funcione, porque el riñón fetal sigue produciendo orina y la prueba más sencilla de ello es que el líquido amniótico se mantiene normal.

Donde hay que estar atentos es después de nacer. Asegúrate de que el hallazgo figura en el informe de alta, para que el pediatra sepa que hay que hacer una ecografía renal al bebé, que se valora ya con la escala posnatal. Las infecciones de orina aparecen en el 7 % al 14 % de los niños con dilatación durante los primeros años, sobre todo si hay reflujo importante, uréter dilatado, en niñas y en niños no circuncidados; en las dilataciones leves, el riesgo es parecido al de cualquier niño de su edad, y por eso la profilaxis antibiótica se reserva para casos seleccionados. La consecuencia práctica es una: si tu bebé tiene fiebre sin causa clara, especialmente en los primeros meses, que le miren la orina y que el médico sepa que tuvo una pielectasia.