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Nidar
— Glosario · Letra B

Blastocisto

Fase del embrión a los 5-6 días de la fecundación: una esfera con una cavidad de líquido, una capa externa (el trofoblasto, que formará la placenta) y un grupo de células internas que formarán al bebé. Es la forma en que el embrión se implanta y el estadio en que se transfiere la mayoría de los embriones en la FIV.

Una esfera hueca con dos destinos distintos

Durante los primeros días tras la fecundación, el embrión es un racimo de células que se dividen sin apenas crecer. Hacia el quinto o sexto día ocurre el primer gran cambio: dentro de ese racimo se abre una cavidad llena de líquido y las células se reparten en dos grupos. Las de fuera forman una capa fina, el trofoblasto, que será la encargada de pegarse al endometrio, abrirse paso en él y construir la placenta. Las de dentro se agrupan en un polo y forman la masa celular interna, de la que saldrá el embrión propiamente dicho. Ese embrión con cavidad y dos tipos de células es el blastocisto.

En un embarazo espontáneo nadie lo ve: el blastocisto recorre la trompa, llega al útero, se desprende de la cubierta que lo envolvía desde que era óvulo y se implanta. En la FIV, en cambio, el laboratorio lo observa día a día, y por eso el término aparece en los informes de embriología. Buena parte de sus células no llegará nunca a ser parte del bebé: el trofoblasto es un tejido de trabajo, y esa división temprana de funciones explica que al embrión de 5 días se le puedan quitar unas pocas células de la capa externa para un estudio genético sin tocar la masa interna.

Por qué en la FIV se espera al día 5, y lo que cuesta esperar

Hace años los embriones se transferían casi siempre al segundo o tercer día. El paso al día 5 o 6 se apoya en dos ideas: que un blastocisto está más sincronizado con el endometrio, porque es el estadio en que llegaría al útero de forma natural, y que cultivarlo hasta ahí filtra a los embriones que se habrían detenido de todas formas. La revisión Cochrane de 2022, con 32 ensayos y 5.821 mujeres, respalda en parte esa lógica: con transferencia en fresco, si un 31 % de las mujeres tiene un bebé tras transferir en día 2-3, entre el 32 % y el 41 % lo tendría transfiriendo un blastocisto. La calidad de esa evidencia es baja, y los autores no pueden afirmar que mejore la probabilidad acumulada de tener un bebé con todos los embriones de una misma punción, frescos y congelados.

Esperar también tiene un precio, y la Cochrane lo cuantifica. Como no todos los embriones llegan a blastocisto, hay más mujeres que se quedan sin ningún embrión que transferir: si al planear una transferencia en día 3 le ocurre al 1 %, en día 5 le pasaría a entre el 2 % y el 4 %. Y hay menos embriones sobrantes para congelar: donde un 60 % congelaría embriones con transferencia temprana, lo haría entre un 37 % y un 46 % con transferencia de blastocisto. Por eso muchas clínicas deciden según cuántos embriones hay: con pocos, a veces tiene sentido no esperar.

Si tu informe pone «4AA» o «3BC»: lo que dice y lo que no

Esas claves proceden de la escala de Gardner, que es la que usan casi todos los laboratorios. El número mide cuánto se ha expandido la cavidad, de 1 (recién formada) a 6 (el blastocisto ya ha salido de su cubierta); la primera letra califica la masa celular interna y la segunda el trofoblasto, de A (mejor) a C. Así, un 4AA es un blastocisto expandido con las dos partes de aspecto óptimo, y un 3BC uno completo con masa interna aceptable y trofoblasto pobre. Los números altos no son mejores por sí solos: un 3 o un 4 es lo esperable en el día 5, y un 5 o 6 solo indica que va más adelantado.

Lo que casi nunca se cuenta es lo poco que la nota predice en un caso concreto. En un estudio de embriones congelados que ya se sabían cromosómicamente normales, los de calidad excelente siguieron adelante en el 84,2 % de los casos, pero los de calidad «pobre» también lo hicieron en el 35,8 %: más de uno de cada tres. Y los estudios ni siquiera coinciden en qué letra pesa más. En ese trabajo mandaba la masa interna, mientras que en una serie de 1.117 transferencias de un solo blastocisto, y en otra de 3.151 del registro estadounidense, el único rasgo que predijo el nacimiento fue el trofoblasto, junto con la edad de la mujer y el grado de expansión. La nota sirve sobre todo para decidir en qué orden transferir tus embriones, no para darte un pronóstico. Un blastocisto con una C puede ser tu hijo, y un 4AA no garantiza nada.

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