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Nidar
— Glosario · Letra A

Absceso mamario

Acumulación de pus dentro del pecho, casi siempre como complicación de una mastitis durante la lactancia. Se confirma con ecografía y se trata drenándolo, con aguja o con una pequeña incisión, además de antibiótico. En la mayoría de los casos se puede seguir dando el pecho, también del lado afectado.

Menos frecuente de lo que se repite, y cómo se reconoce

Un absceso es una bolsa de pus que el cuerpo encapsula dentro del tejido mamario. En la lactancia suele ser el final de una secuencia: inflamación, mastitis bacteriana y, a veces, un flemón, que es una zona inflamada y mal delimitada que todavía no ha formado una cavidad. El dato que circula en muchos textos es que el 11 % de las mastitis acaban en absceso. Un estudio australiano que siguió a 1.193 madres primerizas durante seis meses lo puso en duda: 207 tuvieron mastitis y solo 5 desarrollaron un absceso, el 0,4 % de las que empezaron a dar el pecho y el 2,9 % de las que tomaron antibiótico por mastitis. Sus autores estiman que en torno al 3 % de las mastitis se complican así, y el protocolo de la Academy of Breastfeeding Medicine de 2022 da una horquilla del 3 al 11 %.

Lo que lo distingue de la mastitis es la evolución más que el primer día. Según ese protocolo, el absceso se presenta como una zona cada vez más dura y enrojecida, a menudo con una colección de líquido que se palpa en un punto concreto del pecho. La fiebre puede desaparecer cuando el cuerpo encapsula la infección, o bajar y volver, y el dolor y la induración siguen empeorando hasta que se drena. Por eso el patrón de alarma es una mastitis que no mejora o que empeora pese al antibiótico, o un bulto doloroso que no se ablanda con las tomas. La ecografía confirma si hay líquido que drenar, lo diferencia del flemón, que no tiene una colección definida, y del galactocele, un quiste de leche que no está infectado.

Aguja o incisión: lo que se sabe y lo que no

Un absceso no se cura solo con antibiótico: hay que sacar el pus. Las dos opciones son la aspiración con aguja, normalmente guiada por ecografía, y la incisión y drenaje, que es abrir y vaciar. La revisión Cochrane de 2015 que las comparó en mujeres lactantes solo encontró cuatro ensayos útiles, con 325 mujeres, y concluyó que sus datos eran poco informativos. Aun así, deja una idea clara: la aspiración fracasa más. En un estudio falló en 9 de 22 mujeres y en otro en 6 de 35, que acabaron necesitando la incisión, mientras que todos los abscesos tratados con incisión se resolvieron. A cambio, en uno de los ensayos las mujeres del grupo de la aguja estaban más satisfechas y era más probable que siguieran dando el pecho.

El protocolo de la ABM recoge esa tensión. Dice que la aspiración con aguja y cultivo del líquido suele recomendarse como primera opción, pero que la mayoría de las pacientes necesitan varias punciones para resolverlo, y que repetirlas es estresante, desanima y pone en riesgo la lactancia. Por eso propone valorar desde el principio dejar un pequeño drenaje, a través de una incisión mínima, que se retira a los pocos días, conectado por gravedad y nunca a sistemas de aspiración por vacío sobre un pecho lactante. El antibiótico se suele mantener entre 10 y 14 días, aunque puede acortarse si la inflamación de alrededor cede rápido, y el protocolo avisa de que el endurecimiento del tejido puede tardar varias semanas en desaparecer del todo.

Te han dicho «absceso»: la lactancia no tiene por qué acabar aquí

La pregunta que casi todo el mundo se hace es si hay que dejar de dar el pecho. La respuesta de la ABM es que no: tras la aspiración o el drenaje, la madre debe seguir amamantando, también del pecho afectado. El riesgo de que quede una fístula de leche, un pequeño trayecto por el que sale leche hacia la piel, es inferior al 2 %, siempre que la lactancia se maneje bien y se trate el exceso de producción si lo hay. Dejar de golpe el pecho enfermo no ayuda: si el drenaje o el apósito quedan donde tendría que engancharse el bebé, lo razonable es extraer leche de ese lado hasta que pueda volver a mamar, y hablarlo con quien te lo ha drenado. Para el dolor, el ibuprofeno y el paracetamol son compatibles con la lactancia.

Lo que sí cambia es cómo se trata el pecho a partir de ahora. El protocolo de la ABM señala el masaje enérgico como uno de los principales factores de riesgo del flemón y el absceso, porque lesiona los capilares y el tejido, y advierte de que sacarse leche una y otra vez para «vaciar» el pecho mantiene un exceso de producción que alimenta la inflamación. Así que nada de apretar bultos ni de sesiones largas de sacaleches: tomas a demanda, frío y antiinflamatorio. Vuelve a consultar si reaparece la fiebre, si el bulto crece o si sale pus por la herida o por el pezón. Y si has tenido un absceso, en la próxima lactancia conviene consultar pronto ante cualquier signo de mastitis en lugar de esperar a ver si cede.