Raquianestesia
Anestesia que se consigue con una sola inyección de anestésico en el líquido que rodea la médula, en la parte baja de la espalda. Duerme en pocos minutos y de forma intensa de la cintura para abajo, y por eso es la anestesia habitual de la cesárea. En los informes aparece también como anestesia intradural, subaracnoidea o raquídea.
Intradural, subaracnoidea, raquídea: tres nombres para lo mismo
En la hoja de anestesia de una cesárea es fácil encontrar «anestesia intradural», «subaracnoidea» o «raquídea», y todas quieren decir lo mismo: el anestésico se ha inyectado directamente en el líquido cefalorraquídeo, dentro de la bolsa de membranas que envuelve la médula, a la altura de la zona lumbar. La epidural se queda justo fuera de esa bolsa, deja un catéter fino y va administrando medicación de forma continua; la raquianestesia es una única punción con una aguja muy fina y una dosis pequeña que actúa enseguida. Por eso la primera es la que se usa para aliviar el dolor de un parto que puede durar horas, y la segunda la que se usa para operar.
La diferencia práctica es la rapidez y la densidad del bloqueo. La revisión Cochrane que comparó ambas técnicas en cesárea, con diez ensayos y 751 mujeres, no encontró diferencias en la tasa de fallo, en la necesidad de pasar a anestesia general ni en la satisfacción de las mujeres, pero con la raquianestesia se empezaba a operar casi ocho minutos antes. A cambio, hizo falta tratar la bajada de tensión con más frecuencia (riesgo relativo 1,23). En el informe puedes ver también el calibre de la aguja, un número como 25G o 27G, y su tipo: «punta de lápiz», «Whitacre» o «Sprotte» indican una aguja que separa las fibras de la membrana en lugar de cortarlas, algo que importa para lo que se cuenta más abajo. A veces se combinan las dos técnicas en una sola punción, la llamada anestesia combinada intradural-epidural. Si ya llevabas epidural en el parto y se decide una cesárea, lo habitual es reforzar esa misma epidural en lugar de pinchar de nuevo.
La bajada de tensión, que es lo esperable, y por qué casi no se usa ya la anestesia general
El efecto secundario más frecuente es la hipotensión, porque el anestésico relaja los vasos de la mitad inferior del cuerpo y la sangre se remansa en las piernas. Se nota como mareo, náuseas o sensación de desmayo pocos minutos después de la punción, y no es un fallo: es tan previsible que se previene de entrada. La guía británica NICE de cesárea recomienda inclinar la mesa hacia la izquierda hasta 15 grados, o desplazar el útero, para que no aplaste los grandes vasos del abdomen; administrar suero a la vez que la anestesia; y poner desde el momento de la punción una perfusión de fenilefrina, un vasoconstrictor, ajustada para mantener la tensión en el 90 % o más de tu cifra de partida y evitar que baje del 80 %. Si notas que te mareas o te dan ganas de vomitar, dilo en voz alta: es la señal que el anestesista necesita para corregirlo en segundos.
La misma guía recomienda la anestesia regional por delante de la general en la cesárea, incluso cuando hay placenta previa. La general sigue existiendo para cuando no hay tiempo de hacer una raquianestesia en una urgencia extrema, cuando la técnica está contraindicada, por ejemplo por un trastorno grave de la coagulación, o cuando falla. Tiene riesgos propios en el embarazo, sobre todo la aspiración de contenido del estómago y la dificultad para intubar, y por eso NICE pide que se haga con inducción de secuencia rápida y que cada paritorio tenga un protocolo escrito de intubación fallida. Con la raquianestesia estás despierta, puedes ver nacer a tu bebé, tu acompañante suele poder entrar y, como a la mezcla se añade a menudo un opioide, el dolor de las primeras horas tras la operación queda también cubierto.
Si te duele la cabeza al levantarte en los días siguientes
La complicación que más se consulta es la cefalea pospunción. Aparece cuando por el orificio de la aguja se escapa un poco de líquido cefalorraquídeo y baja la presión alrededor del cerebro, y tiene una firma muy reconocible: empeora al sentarte o ponerte de pie y mejora al tumbarte. El tipo de aguja es lo que más la previene. La revisión Cochrane sobre el diseño de las agujas, con 36 ensayos y 9.378 participantes, encontró que las agujas cortantes duplican con creces el riesgo frente a las de punta de lápiz (riesgo relativo 2,14), mientras que, entre las de punta de lápiz, afinar todavía más el calibre no demostró diferencias. Las agujas atraumáticas son hoy el estándar en la cesárea, y por eso esta cefalea se ha vuelto poco frecuente, aunque no ha desaparecido.
Si te pasa, la Asociación de Anestesistas Obstétricos británica aconseja empezar por analgésicos habituales, como paracetamol o ibuprofeno, beber líquidos, tomar café o té, tumbarte cuando puedas y no cargar peso. Hay que contactar con el hospital si el dolor no cede con esos analgésicos, si va a más, si no te deja cuidar del bebé o si se acompaña de alteraciones de la vista o del oído, somnolencia, vómitos o confusión, porque hay que descartar otras causas. Si es una cefalea pospunción que no mejora, se ofrece un parche hemático epidural: se extrae un poco de tu propia sangre del brazo y se inyecta en la espalda para sellar el orificio. Funciona mejor si se hace a partir de las 48 horas del inicio del dolor intenso, y de cada 100 mujeres que lo reciben mejoran entre 60 y 70.
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