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Nidar
— Glosario · Letra H

Hidramnios

Exceso de líquido amniótico. Puede ser leve e idiopático —sin causa identificada— o asociado a diabetes gestacional o malformaciones fetales que dificultan la deglución del bebé. Los casos importantes requieren seguimiento estrecho.

Hidramnios y polihidramnios son la misma palabra

Empecemos por lo que más despista al leerlo en un informe: hidramnios y polihidramnios designan exactamente lo mismo. No son dos grados ni dos entidades distintas; la literatura médica los usa de forma indistinta y la revisión de referencia de StatPearls alterna los dos términos sin diferenciarlos. En España lo que verás casi siempre escrito es «polihidramnios», mientras que «hidramnios» sobrevive en los textos clásicos y en algunos informes de ecografía. Lo que sí tiene grados es la cantidad de líquido, y se mide con dos reglas distintas. La primera es el índice de líquido amniótico, que suma la columna vertical más profunda de cada uno de los cuatro cuadrantes del útero: se habla de exceso a partir de 24 cm, y el umbral histórico, todavía en uso en algunos sitios, era 25. La segunda es quedarse solo con la columna vertical más profunda, cuyo rango normal va de 2 a 8 cm; por encima de 8 cm, exceso.

Con esos dos parámetros se establecen tres grados, y merece la pena saber en cuál estás, porque el pronóstico y el seguimiento cambian mucho de uno a otro. Medido con el índice de líquido amniótico: leve de 24 a 29,9 cm, moderado de 30 a 34,9 y grave a partir de 35. Medido con la columna máxima: leve de 8 a 11,9 cm, moderado de 12 a 15,9 y grave a partir de 16. El hidramnios aparece en el 1 % o 2 % de todos los embarazos, y de ese total entre el 65 % y el 70 % son leves, un 20 % moderados y menos del 15 % graves. Suele detectarse en el tercer trimestre, muchas veces de forma casual en una ecografía pedida por otro motivo, o porque la altura del útero mide más de lo que corresponde a las semanas.

La mayoría son leves y no tienen causa, y eso es la buena noticia

En el 50 % o 60 % de los casos no se encuentra ninguna causa: es lo que se llama hidramnios idiopático, un diagnóstico de exclusión al que se llega tras descartar el resto. Y el pronóstico del hidramnios leve idiopático es excelente. Con frecuencia se resuelve solo: en un estudio de 2016 el líquido se normalizó en el 37 % de las pacientes, todas ellas con formas leves. Si la ecografía morfológica fue normal y el exceso es leve o moderado, la probabilidad de que después del parto aparezca una anomalía congénita significativa que no se había visto es del 1 % al 2 %; en las formas graves sube al 11 %. La proporción de anomalías mayores por grado lo resume bien: 8 % en el leve, 12 % en el moderado y 31 % en el grave. Lo que hay que mirar es el grado, no la palabra.

Aun así, un hidramnios siempre abre un estudio, porque la lista de causas es la lista de todo lo que puede alterar el equilibrio entre la orina que el bebé produce y el líquido que traga. La diabetes gestacional es una de las causas patológicas más frecuentes, y por eso la Sociedad de Medicina Materno-Fetal plantea repetir el cribado si ha pasado más de un mes desde el anterior. La ecografía dirigida busca sobre todo la cadena de la deglución —cara y paladar, masas que compriman el cuello, presencia y tamaño del estómago para descartar una atresia esofágica—, además de cardiopatías y arritmias, hidrops, trastornos neuromusculares que limiten el movimiento, obstrucciones urinarias, teratoma sacrococcígeo y corioangioma de la placenta. Si hay hidrops se mide la velocidad pico sistólica de la cerebral media para buscar una anemia fetal grave. Se revisan las serologías de infecciones congénitas cuando hay factores de riesgo. Y en gemelos monocoriales se vigila el síndrome de transfusión feto-fetal, que afecta al 10 %-15 % de esos embarazos, cada dos semanas desde la semana 16.

Si te lo han puesto en el informe: seguimiento y parto

Con un hidramnios leve idiopático y estable, lo más probable es que no haya que hacer nada. La Sociedad de Medicina Materno-Fetal no considera necesaria la vigilancia fetal antenatal específica en ese escenario; en los moderados y graves sí se recomienda, y se empieza entre las semanas 32 y 34. No hay consenso sobre cada cuánto repetir la ecografía en una mujer asintomática, así que la pauta la marca tu equipo. Hay dos cosas que conviene saber porque circulan como remedio. La indometacina reduce la orina fetal y con ella el líquido, pero esa misma sociedad recomienda no usarla con el único fin de bajar el volumen, y está contraindicada a partir de las 32 semanas. Y la amniorreducción se reserva para casos graves con síntomas —ahogo, dolor—, no trata la causa y hay que repetirla en el 42 %-46 % de las mujeres, porque el líquido vuelve a acumularse.

Donde el hidramnios sí cambia cosas es en el parto. Un útero muy distendido facilita que el bebé no acabe colocado de cabeza, así que al ingresar se confirma la presentación por ecografía y, si no es cefálica y no hay contraindicación, puede plantearse una versión externa. Se recomienda monitorización continua durante el parto, porque hay más registros no tranquilizadores, más partos que no progresan y más complicaciones al romperse la bolsa, incluidos el prolapso de cordón y el desprendimiento de placenta. Y se prepara el posparto: un útero sobredistendido durante semanas tiene más tendencia a la atonía y a la hemorragia, y el recién nacido, a la taquipnea transitoria, por lo que debe haber soporte neonatal disponible. Una cifra para calibrar el susto: en un estudio de 109 embarazos con hidramnios leve idiopático frente a 2.550 controles, la tasa de cesárea fue del 46 % frente al 32 %, pero no hubo diferencias en el Apgar, en la hipoxia neonatal ni en la macrosomía, y los autores concluyen que a estas mujeres hay que tranquilizarlas y vigilarles el parto, no cambiarles el embarazo. En el hidramnios leve idiopático se espera el parto espontáneo a término y, si se induce sin otra indicación, no antes de la semana 39.