El dolor de espalda durante el embarazo es tan frecuente que se ha normalizado hasta el punto de que muchas mujeres lo aceptan como algo que simplemente hay que aguantar. Según la revisión Cochrane sobre el tema, más de dos tercios de las embarazadas tienen dolor lumbar y casi una de cada cinco, dolor pélvico, y ambos tienden a aumentar a medida que avanza la gestación. Pero frecuente no significa que haya que aguantarlo: el ejercicio y la fisioterapia ayudan, y hay gestos cotidianos que lo alivian.
Antes de hablar de soluciones, hay que entender que "dolor de espalda en el embarazo" no es una sola cosa. Son dos condiciones distintas que se tratan de forma diferente y que no deberían confundirse.
Dos problemas distintos que se llaman igual
Dolor lumbar es el dolor en la zona baja de la espalda, en la región de las vértebras lumbares. Es el dolor típico en el centro de la espalda, que puede irradiarse a los glúteos o al muslo, pero que no cruza la línea media de la pelvis. Empeora con el movimiento prolongado, con estar mucho tiempo de pie y mejora con el descanso.
Dolor de cintura pélvica —que incluye lo que se conoce como disfunción de la sínfisis del pubis o dolor de sacroilíacas— es diferente. Aparece en la parte posterior de la pelvis, en uno o ambos lados, a veces también en la cara anterior sobre el pubis. Es el dolor que dificulta caminar, subir escaleras, separar las piernas o girarse en la cama. Puede llegar a ser muy limitante. Según las guías europeas y el NHS, afecta en algún grado a alrededor de una de cada cinco embarazadas. Los dos tipos pueden darse por separado o a la vez. Lo explicamos a fondo en dolor pélvico o pubalgia en el embarazo.
La distinción importa porque los enfoques terapéuticos no son los mismos. Lo que ayuda con la lumbalgia no siempre ayuda con el dolor pélvico, y algunas recomendaciones generales para "el dolor de espalda" pueden empeorar la cintura pélvica.
Por qué el embarazo los provoca
Hay tres mecanismos que se suelen proponer para explicar ambos tipos de dolor.
Los cambios hormonales hacen que los ligamentos se vuelvan más blandos y elásticos para preparar el parto, lo que aumenta la carga sobre las articulaciones de la zona lumbar y de la pelvis. Durante años se atribuyó a la relaxina, pero las guías europeas sobre dolor de cintura pélvica señalan que los estudios no han confirmado una relación directa entre sus niveles y el dolor; el mecanismo exacto no está claro.
El cambio del centro de gravedad es inevitable. A medida que el útero crece hacia delante, el centro de masa del cuerpo se desplaza. Para compensar, la columna lumbar tiende a arquearse hacia atrás —hiperlordosis lumbar—, aumentando la carga sobre las vértebras y los discos intervertebrales de la zona lumbar baja.
El aumento de peso suma carga directa sobre la columna, las caderas y los pies. No es solo el peso del bebé: el volumen de sangre, el líquido amniótico, la placenta y el tejido graso adicional suman varios kilos que la musculatura postural tiene que gestionar.
Qué tiene evidencia para aliviarlo
Ejercicio y fisioterapia son lo que más respaldo tiene. La revisión Cochrane de 2015, que analizó 34 ensayos con más de 5.000 embarazadas, concluyó que el ejercicio —en tierra o en agua— puede reducir el dolor lumbar (evidencia de calidad baja) y que mejora la capacidad funcional y reduce las bajas laborales más que la atención prenatal habitual. Un programa combinado de terapia manual, ejercicio y educación también podría ayudar. Las guías europeas recomiendan, para el dolor de cintura pélvica, ejercicios individualizados y buena información.
Ejercicio en el agua: la flotación reduce la carga sobre la columna y permite movilizar la musculatura sin impacto. El aquagym prenatal o nadar de forma regular son opciones seguras que el propio NHS recomienda, aunque la evidencia sobre el agua frente a la tierra es limitada.
Yoga prenatal: algunos ensayos pequeños muestran resultados positivos, sobre todo para el dolor lumbar. Puede ayudar a ganar fuerza y a cuidar la postura. No todos los estilos son adecuados durante el embarazo; hay que buscar clases específicamente diseñadas para embarazadas.
Cinturones y fajas: el NHS los incluye entre las ayudas para el dolor de cintura pélvica, pero las guías europeas advierten que no hay pruebas para usar el cinturón pélvico como único tratamiento; puede probarse para ver si alivia, durante periodos cortos. El cinturón pélvico (que se coloca bajo, a la altura de las caderas) es distinto de una faja lumbar.
La acupuntura y la manipulación osteopática tienen algunos estudios aislados a favor —la acupuntura para el dolor pélvico, la osteopatía para el lumbar—, pero son pocos y no permiten recomendarlas de forma general. Pueden ayudar a algunas mujeres; si las pruebas, que sea con profesionales con experiencia en embarazadas. Para el dolor puntual, el paracetamol es el analgésico de referencia en el embarazo, salvo que tu médico o matrona indiquen otra cosa.
Cuidados posturales concretos
Para sentarse: una silla con respaldo bajo que soporte la curvatura lumbar o un cojín lumbar colocado en la zona. Las piernas deben quedar a noventa grados con los pies en el suelo. Evita los sofás muy blandos donde la pelvis se hunde y la columna se cifosa.
Para levantarte: desde la cama, primero gírate de lado, luego apoya el brazo y empuja para sentarte, y entonces pon los pies en el suelo. Evita incorporarte directamente desde la posición tumbada boca arriba, que carga mucho la musculatura abdominal y la espalda.
Para dormir: dormir de lado con una almohada entre las rodillas alivia la tensión de las caderas y la pelvis, y en la segunda mitad del embarazo evita la presión del útero sobre la vena cava. Un colchón firme ayuda. Una almohada de embarazo en forma de U puede ayudar a mantener la posición durante toda la noche.
Para cargar pesos: evita los objetos pesados; si tienes que levantar algo, dobla las rodillas, mantén la espalda recta y la carga cerca del cuerpo, y gira moviendo los pies en lugar de torcer la columna. Si llevas bolsas, reparte el peso entre las dos manos.
Almohada de embarazo Theraline Original
Alivia la presión sobre la cadera y la zona lumbar al dormir de lado, y mantiene la columna alineada durante la noche.
Cuándo el dolor de espalda es señal de algo más serio
Hay situaciones en las que el dolor lumbar durante el embarazo merece atención urgente y no puede atribuirse simplemente al peso del bebé.
Infección urinaria o pielonefritis. Las infecciones de orina son frecuentes en el embarazo, y cuando ascienden al riñón producen un dolor lumbar intenso, generalmente unilateral, que se acompaña de fiebre, escalofríos, náuseas y malestar general. Es distinto del dolor postural: aparece rápido, es más intenso y tiene componente sistémico. Requiere atención médica ese mismo día.
Trabajo de parto prematuro. Las contracciones de parto prematuro —antes de la semana 37— pueden percibirse como un dolor de espalda rítmico, sordo y recurrente, a veces sin la sensación abdominal que asociamos al parto. Si el dolor tiene un patrón rítmico o se acompaña de presión pélvica, pérdida de líquido o sangrado, ve a urgencias. Más señales en parto prematuro.
Pérdida de sensibilidad. Si además del dolor notas hormigueo o falta de sensibilidad en las piernas, las nalgas o la zona genital, o problemas para controlar la orina o las heces, es una urgencia: llama al 112.
El dolor lumbar crónico del embarazo es molesto y limitante, pero estable. El dolor que cambia de carácter, que aparece de forma brusca, que tiene fiebre asociada o que lleva un patrón rítmico no es el mismo problema y no merece la misma respuesta.
