El embarazo en España tiene un seguimiento prenatal bastante bien estructurado: entre la sanidad pública y las visitas con la matrona, se realizan más de una decena de analíticas, ecografías y pruebas de cribado a lo largo de los nueve meses. El problema es que no siempre se explica para qué sirve cada cosa. Recibes una petición de análisis, vas al laboratorio, recuerdas que te pidieron algo de "glucosa" y "ferritina"... pero no sabes exactamente qué se está buscando ni qué significa el número que aparece en el informe.
En resumen: una analítica por trimestre (la primera, con grupo sanguíneo y serologías), tres ecografías (hacia las semanas 12, 20 y 35), el cribado combinado de cromosomopatías en el primer trimestre, el test de O'Sullivan entre las semanas 24 y 28 y el cultivo de estreptococo B entre la 35 y la 37. Esta guía recorre todas esas pruebas por trimestre: qué se analiza, por qué se pide y cómo interpretar los resultados más comunes.
Antes de empezar: cribado no es lo mismo que diagnóstico
Es importante entender esta distinción desde el principio porque aparece a lo largo de todo el embarazo. Una prueba de cribado calcula la probabilidad de que exista una determinada condición; no diagnostica, sino que identifica embarazos con mayor o menor riesgo. Una prueba diagnóstica da un resultado definitivo.
El cribado combinado del primer trimestre, por ejemplo, no te dice si tu bebé tiene trisomía 21: te dice cuál es la probabilidad estadística de que la tenga, basándose en tu edad, las medidas de la ecografía y los valores de dos proteínas en sangre. Si esa probabilidad supera un umbral determinado, se ofrecen pruebas diagnósticas como la amniocentesis o la biopsia corial, que sí dan una respuesta definitiva.
El test de ADN fetal libre en sangre materna (NIPT) es una prueba de cribado de alta precisión: detecta más del 99 % de los casos de trisomía 21. Desde la Orden SND/606/2024 forma parte de la cartera común de la sanidad pública, pero no para todas: se ofrece como segunda prueba cuando el cribado combinado da un riesgo aumentado, y solo para las trisomías 21, 18 y 13. Quien quiera hacérselo sin esa indicación tiene que ir a la privada. Tiene mucho menos margen de error que el cribado combinado clásico, pero sigue sin ser diagnóstico: un resultado positivo siempre requiere confirmación con amniocentesis o biopsia corial.
Primera consulta: la analítica de base
En la primera visita prenatal, que debe hacerse en las primeras 12 semanas y a ser posible antes de la 10, se solicita una analítica completa que sirve como punto de partida para todo el seguimiento. Lo que se analiza:
Hemograma: Mide los glóbulos rojos, la hemoglobina y el hematocrito, entre otros. Permite detectar anemia desde el inicio. La hemoglobina normal en el embarazo es algo más baja que fuera de él, porque el volumen de plasma sanguíneo aumenta antes que la producción de glóbulos rojos: en el primer trimestre se habla de anemia cuando baja de 11 g/dL.
Grupo sanguíneo y factor Rh: Determina si eres A, B, AB u O, y si tu factor Rh es positivo o negativo. Si eres Rh negativa y tu bebé resulta ser Rh positivo, puede producirse una sensibilización que se previene con una inyección de inmunoglobulina anti-D (la "vacuna del Rh"), que se administra en la semana 28 si el test de Coombs indirecto sigue siendo negativo, y después del parto si el bebé es Rh positivo.
Serologías: Un panel de análisis que comprueba si tienes inmunidad o infección frente a varias enfermedades. El Ministerio de Sanidad establece que a todas las embarazadas se les ofrezca el de sífilis, VIH y hepatitis B; el resto depende de tu historia:
- Rubéola: La infección durante el embarazo puede causar malformaciones graves en el feto. Se comprueba si no consta que estés vacunada. Si el resultado muestra que no tienes inmunidad, no se puede vacunar durante el embarazo (es una vacuna de virus vivos), pero sí después del parto.
- Toxoplasma: Ni la SEGO ni el Ministerio recomiendan el cribado sistemático, pero muchos centros lo siguen pidiendo. Si no tienes anticuerpos, significa que no has tenido la infección y conviene tomar precauciones durante el embarazo: evitar comer carne cruda o poco hecha, lavar bien las frutas y verduras y, si tienes gato, que otra persona limpie el cajón.
- VIH: Detección precoz para instaurar tratamiento antirretroviral, que evita prácticamente por completo la transmisión al bebé. La SEGO recomienda repetirlo en el tercer trimestre.
- Hepatitis B: Si la madre es portadora, el recién nacido recibe gammaglobulina y la primera dosis de la vacuna en las primeras horas de vida.
- Sífilis: Se incluye en el cribado de rutina por el riesgo de transmisión al bebé.
- Hepatitis C: El Ministerio la incluye solo en embarazadas de grupos de riesgo, aunque algunos centros la piden a todas.
Orina (con urocultivo): Descarta infección urinaria asintomática, que es más frecuente en el embarazo y puede progresar a pielonefritis si no se trata. También evalúa la presencia de proteína, glucosa o sangre, que pueden ser señales de patología renal o metabólica.
Primer trimestre: el cribado combinado y la ecografía de la semana 12
El cribado combinado del primer trimestre une un análisis de sangre (que suele sacarse unos días o semanas antes) con la ecografía de la semana 11+0 a 13+6. Combina tres variables para calcular el riesgo de anomalías cromosómicas:
Translucencia nucal (TN): Una medida ecográfica del acúmulo de líquido en la nuca del feto. Cuanto mayor es, más sube el riesgo calculado, aunque por sí sola no es diagnóstica. Una TN de 3,5 mm o más (por encima del percentil 99) es motivo para ofrecer directamente una prueba diagnóstica.
PAPP-A: Proteína plasmática asociada al embarazo. Los niveles bajos —expresados en múltiplos de la mediana (MoM)— se asocian a trisomías.
β-hCG libre: Suele estar elevada en los embarazos con trisomía 21. Los valores se ajustan según la semana de gestación y el peso materno.
El algoritmo combina estas variables con la edad materna y calcula una probabilidad para trisomía 21 (síndrome de Down), trisomía 18 (síndrome de Edwards) y trisomía 13 (síndrome de Patau). En la estrategia que propone la SEGO, un riesgo de 1/50 o mayor lleva a ofrecer directamente una prueba diagnóstica; un riesgo intermedio (entre 1/50 y 1/250) se completa con el test de ADN fetal; y por debajo de 1/250 el cribado se da por terminado. Los puntos de corte exactos pueden variar algo entre comunidades autónomas.
La ecografía de la semana 12 es mucho más que la medición de la translucencia nucal. El ecografista evalúa la longitud cráneo-caudal del feto (que confirma la edad gestacional), la presencia de los cuatro miembros, la estructura del cerebro, el corazón, la pared abdominal y el cuello.
Segundo trimestre: glucosa, morfología y cribado de defectos estructurales
Entre las semanas 24 y 28 se repite la analítica y se añade el test de O'Sullivan, la prueba de cribado de diabetes gestacional. Consiste en beber un preparado con 50 gramos de glucosa y medir la glucemia una hora después, sin ayuno previo. Si el resultado es de 140 mg/dL o más, se realiza una prueba de tolerancia oral a la glucosa completa (tres horas, con 100 gramos) para confirmar o descartar el diagnóstico. Si tienes factores de riesgo, el O'Sullivan se hace también en el primer trimestre.
La analítica de este período también evalúa hemoglobina y ferritina. La ferritina refleja las reservas de hierro: puede estar baja —indicando déficit— incluso cuando la hemoglobina todavía es normal. La guía británica de hematología (BSH) considera que una ferritina por debajo de 30 µg/L (equivale a ng/mL) indica déficit de hierro y aconseja suplementar aunque la hemoglobina todavía sea normal.
La gran prueba del segundo trimestre es la ecografía morfológica, que la SEGO sitúa entre la semana 18+0 y la 21+6, habitualmente hacia la 20. Es la exploración más completa del embarazo: el ecografista revisa sistemáticamente la anatomía del feto —cerebro, corazón, riñones, columna vertebral, labio, paladar, extremidades, cordón umbilical— buscando malformaciones estructurales. Cuando los hallazgos son inciertos o se detecta alguna anomalía, se puede derivar a una unidad de medicina fetal para una exploración con mayor resolución.
Si el cribado del primer trimestre dio un resultado de alto riesgo y se optó por esperar a la morfológica antes de decidir, la semana 20 puede ser también el momento en que se plantee la amniocentesis. No se hace antes de la semana 15+0: se extrae una pequeña cantidad de líquido amniótico mediante una aguja guiada por ecografía. El cariotipo completo tarda más, pero las técnicas rápidas (como la QF-PCR) dan resultado en pocos días para las trisomías más frecuentes. Si el riesgo alto se conoce ya en el primer trimestre, la técnica de elección suele ser la biopsia corial, entre las semanas 11+0 y 13+6. Según el RCOG, el riesgo añadido de aborto con cualquiera de las dos, hecha por manos expertas, probablemente está por debajo del 0,5 %.
Tercer trimestre: preparativos para el parto
En la analítica del tercer trimestre, se comprueba de nuevo la hemoglobina —porque las necesidades de hierro son máximas en el tercer trimestre—, se añade un estudio de coagulación básico de cara al parto y se repiten algunas serologías (el VIH a todas; sífilis y hepatitis B si hay factores de riesgo). Si se ha diagnosticado preeclampsia, placenta previa u otras complicaciones, el seguimiento analítico es más estrecho.
Entre las semanas 35 y 37 (preferentemente en la 36) se realiza el cultivo de estreptococo del grupo B (EGB). Esta bacteria vive de forma inofensiva en la flora vaginal y rectal de una parte importante de las mujeres sanas, pero puede transmitirse al recién nacido durante el parto vaginal y causar infección neonatal grave. La prueba es sencilla: un frotis vaginal y rectal. Si el resultado es positivo, se administra antibioterapia intravenosa durante el parto.
El cultivo de EGB tiene una validez de cinco semanas: si el parto no ha llegado en ese plazo, se repite. Si al llegar al parto no se conoce el resultado, se da antibiótico cuando hay factores de riesgo: parto antes de la semana 37, bolsa rota desde hace 18 horas o más, o fiebre durante el parto.
La ecografía del tercer trimestre es la que más varía entre centros: la SEGO la recomienda entre la semana 34+0 y la 36+6 para confirmar que el crecimiento es el esperado y ver la posición del bebé y la placenta, y en embarazos de riesgo se añaden Doppler de los vasos placentarios y del feto. La monitorización (NST o cardiotocografía) —ese cinturón que mide las contracciones y el latido fetal simultáneamente— se empieza a realizar en el tercer trimestre cuando hay factores de riesgo, y de forma rutinaria a partir de la semana 41+0 si el parto no se ha iniciado, junto con el control del líquido amniótico.
Si un resultado sale fuera de rango
Lo primero: un valor fuera del rango de referencia no es automáticamente un problema. Los rangos de referencia son intervalos estadísticos diseñados para capturar el 95 % de la población sana, lo que significa que el 5 % de los valores normales quedan fuera por definición. Un resultado ligeramente alterado siempre debe interpretarse en contexto —con tu historia clínica, con el resto de la analítica, con los síntomas que tienes o no tienes.
Lo segundo: si tienes dudas sobre un resultado, pregunta. No des por hecho que si hubiera algo importante ya te habrían llamado. Los sistemas sanitarios tienen filtros, pero también tienen saturación. Si ves un valor que no entiendes o que te genera ansiedad, lleva el informe a tu próxima visita y pide que te lo expliquen.
- Antes de la semana 10-12: Primera analítica (hemograma, grupo y Rh, serologías, orina con urocultivo)
- Primer trimestre, antes de la ecografía: Análisis de sangre del cribado combinado (PAPP-A + β-hCG libre)
- Semana 11+0 a 13+6: Ecografía del primer trimestre (translucencia nucal + anatomía básica)
- Si indicado: biopsia corial (11+0 a 13+6) o amniocentesis (desde la 15+0)
- Semana 18+0 a 21+6: Ecografía morfológica fetal
- Semana 24-28: Analítica (hemoglobina, ferritina) + test de O'Sullivan
- Semana 28 (si eres Rh negativa): Coombs indirecto e inmunoglobulina anti-D
- Tercer trimestre: Analítica (hemoglobina, coagulación, serologías)
- Semana 34+0 a 36+6: Ecografía del tercer trimestre
- Semana 35-37: Cultivo de estreptococo grupo B (EGB)
- Semana 41+0: Monitorización y oferta de inducción según protocolo del centro
El seguimiento prenatal no es burocracia médica: es una red de detección temprana diseñada para que los problemas que tienen solución se encuentren a tiempo. Saber para qué sirve cada prueba antes de hacerla ayuda a ir a las citas con más calma, a entender los resultados cuando llegan y a preguntar mejor cuando algo no queda claro.
