Los monitorios son el registro cardiotocográfico (RCTG): una prueba indolora que graba a la vez el latido de tu bebé y tus contracciones con dos sensores sujetos a la barriga. En un embarazo sin complicaciones, la guía del Ministerio de Sanidad sugiere no hacerlos antes de la semana 40, así que lo normal es que empiecen cuando sales de cuentas y, después, durante el parto. Dura unos 20-40 minutos y la interpreta siempre la matrona o el obstetra. Debajo tienes cómo es por dentro, qué miran en la gráfica y qué opciones tienes en el paritorio.
Qué es el registro cardiotocográfico
El nombre combina "cardio" (corazón) y "toco" (contracciones). La prueba registra dos cosas a la vez:
- La frecuencia cardíaca del bebé, con un sensor de ultrasonidos Doppler, el que hace el "pum-pum" que oyes.
- La actividad del útero, con un sensor de presión que detecta cuándo se endurece la barriga.
El aparato dibuja dos líneas paralelas, en papel o en pantalla. La de arriba es el latido; la de abajo, las contracciones. Lo que interesa no es un número suelto, sino cómo se comporta el corazón del bebé a lo largo del tiempo: si varía, si se acelera cuando se mueve y cómo responde a las contracciones.
Cómo se hace y cómo se vive
Te tumbas semisentada o de lado (boca arriba del todo puede marearte al final del embarazo) y la matrona te coloca los dos sensores con cinturones elásticos. A veces te dan un pulsador para que lo aprietes cuando notes que el bebé se mueve, y así se ve si el latido se acelera con sus movimientos.
- Duración: unos 20-40 minutos. Se alarga si el bebé está en fase de sueño, que puede durar hasta 40 minutos, y conviene esperar a que se active.
- Molestias: ninguna, salvo estar quieta un rato y la presión de los cinturones.
- Ruidos y cortes de señal: cuando el bebé o tú os movéis, el sensor puede perder el latido unos segundos o captar tu pulso en su lugar. Es normal y se recoloca.
Antes de ir: haz pis, come algo si llevas horas sin comer y lleva ropa de dos piezas para dejar la barriga al aire sin desvestirte. No hace falta tomar nada dulce para "despertar" al bebé: si está dormido, basta con esperar.
Cuándo se hacen los monitorios
Al final del embarazo
La Guía de práctica clínica de atención en el embarazo y puerperio del Ministerio de Sanidad (2014) analizó si conviene hacer monitorios de rutina a todas las embarazadas y concluyó que no: sugiere no hacerlos antes de la semana 40 en embarazos sin riesgo de complicaciones. Se basa en la revisión Cochrane de 2015, que no encontró que el RCTG antes del parto mejore los resultados para el bebé y sí recuerda sus inconvenientes: falsos positivos que llevan a más pruebas e intervenciones, falsa tranquilidad cuando el registro es normal y más ansiedad.
En la práctica, en la mayoría de los hospitales españoles:
- Desde la semana 40 se citan controles periódicos de bienestar fetal (monitorios y ecografía para ver el líquido amniótico) hasta que el parto empieza.
- Entre la 41 y la 42, la misma guía sugiere ofrecer la inducción del parto, y hasta entonces los controles se hacen más seguidos. Lo explicamos en la guía de inducción del parto.
- Antes de la 40, solo si hay un motivo: hipertensión o preeclampsia, diabetes, crecimiento del bebé por debajo de lo esperado, embarazo gemelar, sangrado, sospecha de rotura de bolsa o, muy importante, notar que el bebé se mueve menos. Si te pasa, no esperes a la siguiente cita: es motivo de ir a urgencias. Tienes la pauta en cuándo preocuparse por los movimientos del bebé.
Durante el parto
En el paritorio hay dos formas de vigilar al bebé, y la Guía de práctica clínica sobre la atención al parto normal (2010) considera las dos igual de válidas en un parto de bajo riesgo:
- Auscultación intermitente: la matrona escucha el latido con un Doppler de mano al menos cada 15-30 minutos en la dilatación y cada 5-15 minutos en el expulsivo, durante al menos 30-60 segundos tras una contracción. Te deja moverte con libertad.
- Monitorización continua: los cinturones van puestos todo el rato. Muchos hospitales tienen telemetría (sensores inalámbricos) que permite caminar, usar la pelota e incluso la ducha.
La guía británica NICE (NG229) aconseja la auscultación intermitente en partos de bajo riesgo y el registro continuo cuando hay factores de riesgo. Según la guía española, se pasa a continuo si aparece líquido amniótico teñido, fiebre, sangrado o una alteración del latido, si se usa oxitocina, un rato después de poner la epidural y siempre que tú lo pidas.
Qué dice la evidencia sobre el registro continuo en el parto
La revisión Cochrane de 2017, con datos de más de 30.000 mujeres, comparó el registro continuo con la auscultación intermitente:
- El continuo redujo a la mitad las convulsiones del recién nacido, que de todas formas son poco frecuentes.
- No cambió la mortalidad perinatal ni la parálisis cerebral.
- Aumentó las cesáreas y los partos instrumentales (fórceps y ventosa).
Por eso no hay una opción "más segura" en todos los casos: es un intercambio, y en un parto de bajo riesgo es razonable elegir la intermitente si quieres moverte. Puedes dejarlo escrito en tu plan de parto.
Qué miran en la gráfica
El RCTG lo interpreta siempre un profesional y en el contexto de tu embarazo. Pero saber qué miran ayuda a entender lo que te dicen. Según la clasificación que recoge la guía española de parto normal, un registro tranquilizador tiene:
| Lo que se mira | Qué es | Registro tranquilizador |
|---|---|---|
| Frecuencia basal | El latido medio, fuera de aceleraciones y deceleraciones | Entre 110 y 160 latidos por minuto |
| Variabilidad | Lo que oscila la línea de un latido a otro | 5 latidos o más: que no sea una línea plana |
| Aceleraciones | Subidas del latido, sobre todo cuando el bebé se mueve | Presentes |
| Deceleraciones | Bajadas del latido, sobre todo con las contracciones | Ninguna |
Que la línea suba y baje es buena señal: un corazón sano no late como un metrónomo.
El test no estresante
Es el nombre técnico del monitorio que te hacen al final del embarazo, sin contracciones provocadas: se registra el latido en reposo y cómo responde a los movimientos del bebé. Se considera reactivo (normal) cuando aparecen al menos dos aceleraciones en 20 minutos. Si no aparecen, lo más frecuente es que el bebé esté dormido: se prolonga el registro, te cambian de postura o se completa con una ecografía. Un test "no reactivo" no significa que algo vaya mal, sino que hace falta mirar un poco más.
- Registran a la vez el latido del bebé y las contracciones
- Son indoloros y duran unos 20-40 minutos
- En un embarazo sin complicaciones, empiezan hacia la semana 40
- Si notas que el bebé se mueve menos, ve a urgencias aunque no te toque
- En el parto de bajo riesgo puedes pedir auscultación intermitente
- Las subidas y bajadas del latido son normales y esperables
- Siempre los interpreta un profesional; pregunta lo que no entiendas
Preguntas frecuentes
¿Los monitorios duelen o pueden molestar al bebé?
No duelen y no molestan al bebé. Los sensores se colocan por fuera de la barriga: uno es un Doppler de ultrasonidos de baja intensidad y el otro solo mide presión. Como mucho, a ti puede resultarte incómodo estar quieta un rato o notar la presión de los cinturones.
¿Cuánto dura un monitorio?
Lo habitual es entre 20 y 40 minutos. Se alarga si el bebé está en fase de sueño y conviene esperar a que se mueva. Durante el parto, la vigilancia puede ser intermitente o continua según tu situación y lo que elijas.
¿A partir de qué semana se hacen los monitorios?
En un embarazo sin complicaciones, la guía del Ministerio de Sanidad sugiere no hacerlos antes de la semana 40, y la mayoría de hospitales los programan a partir de ahí. Antes solo se hacen si hay un motivo, como hipertensión, diabetes o notar menos movimientos del bebé.
¿Por qué a veces hay que repetir la prueba o prolongarla?
Lo más frecuente es que el bebé esté dormido y el registro no muestre todavía aceleraciones. En esos casos basta con esperar un poco más o cambiar de postura. Repetir o alargar la prueba no significa que algo vaya mal.
¿Puedo pedir que no me pongan monitorización continua en el parto?
Sí, si tu parto es de bajo riesgo. La guía española considera igual de válidas la auscultación intermitente y la monitorización continua, y la decisión se toma contigo. Si aparece algún factor de riesgo, el equipo te explicará por qué conviene pasar al registro continuo.
