Un resultado positivo para estreptococo del grupo B significa que eres portadora de una bacteria muy común, no que estés enferma: la única consecuencia práctica es que te pondrán antibiótico intravenoso durante el parto para proteger al bebé. Hacia la semana 35-37 del embarazo, el protocolo de seguimiento prenatal en España incluye un cultivo vagino-rectal que muchas mujeres reciben sin demasiada explicación. La matrona toma la muestra, se manda al laboratorio y unos días después llega un resultado que puede ser positivo o negativo. Si es positivo, lo habitual es que se anote en la cartilla y se diga algo del tipo "habrá que ponerte antibióticos durante el parto". Y muchas mujeres llegan al parto sin entender bien qué es eso ni qué implica.
Qué es el Streptococcus agalactiae
El Streptococcus agalactiae, también conocido como estreptococo del grupo B o SGB, es una bacteria que vive habitualmente en el intestino y en el tracto genital inferior de los adultos sin causar ningún problema. No es una infección de transmisión sexual, no es señal de falta de higiene y no indica ninguna patología materna.
La colonización —que es el término correcto, no infección— es intermitente y puede cambiar a lo largo del tiempo. Una mujer puede ser positiva en una semana y negativa semanas después, o al revés. Por eso el cultivo se hace al final del embarazo y no antes: un cultivo hecho en las 5 semanas previas al parto predice bien si serás portadora en el momento de dar a luz; si han pasado más de 5 semanas, se repite. (En EE. UU. los CDC y el ACOG lo sitúan en la semana 36-37; las recomendaciones españolas, en la 35-37, preferentemente la 36.)
Ser portadora es frecuente: las recomendaciones españolas consideran que un laboratorio con una técnica adecuada debería detectar SGB en al menos un 15 % de las embarazadas cribadas.
Por qué se hace el cultivo
El SGB en la madre no causa ningún problema. El riesgo es otro: durante el parto vaginal, el bebé puede entrar en contacto con la bacteria al pasar por el canal del parto y colonizarse. En la gran mayoría de casos, esto no tiene consecuencias. Pero en una pequeña proporción de recién nacidos —especialmente los prematuros, los que tienen el sistema inmune inmaduro o los que están expuestos durante muchas horas—, el SGB puede causar sepsis neonatal, neumonía o meningitis.
Sin medidas de prevención, entre el 1 y el 2 % de los recién nacidos de madres colonizadas desarrollan una infección precoz por SGB. Con el cribado y la profilaxis antibiótica intraparto, la incidencia en España bajó de 1,3 por cada 1.000 nacidos vivos en 1996-1997 a 0,36 por 1.000 en 2010.
Ese es el motivo del cultivo: identificar quién necesita profilaxis para proteger al recién nacido.
Qué significa un positivo
Un resultado positivo en el cultivo significa que eres portadora de SGB en el momento del estudio. Significa colonización, no infección. No significa que estés enferma, que el bebé vaya a infectarse, ni que el parto vaya a ser complicado.
Significa que cuando llegues al hospital en trabajo de parto, el equipo necesita saber el resultado para administrarte antibióticos por vía intravenosa.
La profilaxis antibiótica intraparto
El protocolo estándar es la administración de penicilina G intravenosa al inicio del trabajo de parto (o al romper la bolsa), con dosis repetidas cada cuatro horas hasta el parto; la ampicilina es una alternativa aceptable. En mujeres alérgicas a la penicilina se usan alternativas (cefazolina, clindamicina o vancomicina) según el tipo de alergia y la sensibilidad de la bacteria, por eso conviene avisar de la alergia cuando te hacen el cultivo.
Un matiz importante: la profilaxis no se da durante el embarazo, sino durante el parto. Dar antibióticos durante el embarazo no elimina la colonización de forma duradera —la bacteria reaparece— y generaría resistencias sin beneficio real. La profilaxis intraparto es la intervención que tiene eficacia demostrada.
Para que la profilaxis sea óptima, la primera dosis se administra idealmente al menos cuatro horas antes del nacimiento. Cuando ese margen no existe —partos muy rápidos, llegada tardía al hospital— el equipo lo tiene en cuenta.
Qué pasa si no da tiempo a recibir los antibióticos
Un parto rápido o inesperado puede hacer que no haya margen para la profilaxis completa. En ese caso, el protocolo no se abandona: el equipo hace un seguimiento estrecho del recién nacido durante las primeras horas y días de vida para detectar cualquier signo precoz de infección. La observación neonatal es más prolongada y más activa.
Esto no es un fracaso del protocolo ni una señal de alarma automática: es la alternativa establecida cuando la profilaxis no ha sido posible. La mayoría de recién nacidos en esta situación no desarrollan ninguna complicación.
Quién recibe profilaxis sin necesidad de cultivo
Hay dos situaciones en las que se administra profilaxis siempre, sea cual sea el resultado del cultivo (y en las que ni siquiera hace falta hacerlo):
- Haber tenido SGB en la orina en cualquier momento del embarazo, que se considera un signo de colonización intensa.
- Haber tenido un hijo anterior con infección neonatal por SGB.
Y cuando no se conoce el resultado del cultivo (porque no se ha hecho o no está disponible), se pone profilaxis si se da alguno de estos factores de riesgo:
- Parto prematuro (antes de la semana 37).
- Rotura de membranas de 18 horas o más.
- Fiebre intraparto de 38 °C o más, que además puede indicar una infección que requiere tratamiento.
Si el cultivo de las últimas 5 semanas es negativo, no se pone profilaxis, aunque hayas sido positiva en un embarazo anterior. Tampoco hace falta en una cesárea programada sin trabajo de parto y con la bolsa íntegra, aunque el cultivo sea positivo.
Desmontando el miedo al positivo
Con el protocolo bien aplicado, un resultado positivo en el cultivo de SGB deja el riesgo para el bebé en cifras muy bajas. La profilaxis antibiótica es efectiva, bien tolerada y de uso establecido desde hace décadas. Eso sí: protege frente a la infección precoz (la de la primera semana de vida), no frente a la tardía, que es rara; ante fiebre, decaimiento o rechazo de las tomas en los primeros meses, consulta siempre.
Lo que sí tiene sentido hacer es asegurarse de que el resultado del cultivo figura claramente en la documentación que llevas al hospital y de que el equipo lo conoce al ingreso. En algunos hospitales está en la historia digital, en otros es la cartilla física lo que circula. No asumas que el equipo ya lo sabe: dilo en voz alta cuando llegues.
El cultivo vagino-rectal del tercer trimestre es una prueba sencilla con un impacto real sobre la salud del recién nacido. Entender qué significa el resultado —positivo o negativo— permite llegar al parto con información, no con miedo.
