Antes de buscar el embarazo conviene hacer una analítica con hemograma, grupo sanguíneo y Rh, y serologías de rubéola, varicela y hepatitis B (para vacunarte si no estás inmunizada), además de revisar la medicación que tomes y empezar con 0,4 mg diarios de ácido fólico al menos uno o dos meses antes. La glucosa y la tiroides se miran si hay motivos. Es lo que recoge la guía de práctica clínica del Ministerio de Sanidad, que dedica un capítulo entero a la consulta preconcepcional.
La mayoría de las mujeres se enteran de que están embarazadas y entonces empiezan a pensar en lo que deberían haber hecho antes. El ácido fólico que tendrían que haber empezado a tomar semanas antes. La vacuna de la rubéola que nunca comprobaron si tenían. La analítica de tiroides que el médico les dijo que revisarían "cuando llegara el momento" y que sigue pendiente. La visita preconcepcional existe para exactamente esto: revisar tu punto de partida antes de empezar, no cuando ya tienes 6 semanas de embarazo.
Por qué pedir la visita preconcepcional aunque nadie te la ofrezca
La consulta preconcepcional está recogida en la guía de práctica clínica del Sistema Nacional de Salud, pero en la práctica hay que pedirla de forma proactiva. Muchos centros de salud no la ofrecen de forma sistemática y muchas mujeres no saben que existe. Puedes pedirla a tu médica de cabecera o a tu matrona de centro de salud —son ellas quienes tienen competencia para solicitarla y orientarla.
La analítica es solo una parte de la preparación: el peso, los tóxicos, la salud dental y los suplementos entran en la misma conversación y están reunidos en la guía para preparar el embarazo.
El objetivo no es encontrar problemas graves. Es identificar factores modificables antes de que el embarazo empiece: carencias nutricionales que se pueden corregir, infecciones a las que no tienes inmunidad y para las que hay vacunas, medicaciones que conviene cambiar con tiempo, o condiciones como el hipotiroidismo subclínico que pueden comprometer un embarazo si no se tratan.
Llegar a la primera visita de embarazo con estos datos ya hechos ahorra tiempo, reduce angustia, y en algunos casos marca una diferencia clínica real.
Analítica básica preconcepcional
La analítica preconcepcional no tiene un protocolo único: cada comunidad y cada profesional la ajusta a tu historia. Estas son las pruebas que se suelen pedir y para qué sirve cada una:
Hemograma: para detectar anemia, especialmente ferropénica. La anemia al inicio del embarazo se asocia con mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Mejor empezar con reservas adecuadas.
Ferritina: el hemograma puede ser normal con las reservas de hierro ya muy bajas. La ferritina mide esas reservas directamente, y la guía del SNS la considera el mejor marcador para confirmar un déficit de hierro dudoso. Muchas guías de embarazo toman 30 ng/ml como referencia: por debajo, hay déficit aunque no haya anemia.
Glucosa basal: para detectar diabetes tipo 2 no diagnosticada o prediabetes. Una glucemia alterada antes de la concepción aumenta el riesgo de malformaciones en las primeras semanas, antes de que muchas mujeres sepan que están embarazadas. La guía del SNS la sugiere sobre todo si tienes sobrepeso y algún factor de riesgo más, como haber tenido diabetes gestacional.
Función tiroidea (TSH): el hipotiroidismo es frecuente en mujeres en edad fértil y muchas veces es subclínico, con T4 normal pero TSH elevada. Importa porque la tiroides del feto no empieza a funcionar hasta el final del primer trimestre; hasta entonces, el bebé depende de las hormonas tiroideas de la madre. La guía del SNS sugiere mirarla, ya en el embarazo, a las mujeres con factores de riesgo: más de 30 años, antecedentes familiares o personales de enfermedad tiroidea, diabetes tipo 1 u otra enfermedad autoinmune, o abortos de repetición. Si cumples alguno, tiene sentido adelantarla a la analítica preconcepcional.
Vitamina D: no forma parte de la analítica preconcepcional de rutina. La guía del SNS revisó la evidencia sobre suplementar vitamina D en el embarazo y la encontró de baja calidad, sin recomendarla de forma sistemática. Puede tener sentido medirla si hay motivos concretos (piel muy oscura, ropa que cubre casi todo el cuerpo, poca exposición al sol, malabsorción), y eso lo valora tu médica.
Serologías: qué buscar y por qué
Rubéola: si la infección por rubéola ocurre en las primeras 16 semanas de embarazo, puede causar malformaciones graves (sordera, cardiopatías, cataratas, discapacidad intelectual). La mayoría de las mujeres adultas tienen inmunidad adquirida por vacunación o infección pasada, pero conviene confirmarlo antes. Si no hay inmunidad, la guía del SNS sugiere vacunarse con la triple vírica —que es de virus vivos atenuados— y evitar el embarazo durante los 28 días siguientes.
Varicela: misma lógica. La varicela en el primer trimestre puede causar varicela congénita con malformaciones. Si no tienes inmunidad comprobada o historia clara de haber pasado la enfermedad, se recomienda vacunarse y esperar un mes.
Toxoplasma: aquí hay disparidad. La guía del SNS sugiere no hacer el cribado de toxoplasma a todas las embarazadas por la baja calidad de la evidencia, pero muchas comunidades autónomas lo siguen pidiendo en el primer trimestre. Lo que sí recomienda a todas, inmunes o no, son las medidas de prevención: no comer carne poco cocinada, lavar bien frutas y verduras, usar guantes con la tierra y que otra persona limpie el arenero del gato. Si te hacen la serología y sale IgG negativa, nunca has pasado la infección y esas medidas son especialmente importantes.
Hepatitis B: si no estás inmunizada, la guía del SNS sugiere vacunarte antes del embarazo. La mayoría de las mujeres que han crecido en España desde los años 90 se vacunaron en el colegio o de bebés, pero conviene comprobarlo.
VIH, hepatitis C y sífilis: se hacen de forma rutinaria al principio del embarazo (la hepatitis C, según la guía del SNS, sobre todo si hay riesgo de infección). Hacerlas antes tiene una ventaja: si algún resultado es positivo, tienes tiempo para consultar, iniciar tratamiento si procede, y tomar decisiones sin la presión de un embarazo en curso.
Grupo sanguíneo y factor Rh: si eres Rh negativa y tu pareja es Rh positivo, tus futuros bebés pueden ser Rh positivos, lo que en el embarazo puede generar incompatibilidad y sensibilización. Saber esto de antemano no cambia el embarazo en sí, pero prepara el terreno para entender por qué recibirás gammaglobulina anti-D en determinados momentos.
La visita preconcepcional no es un capricho ni un lujo de quien tiene demasiado tiempo libre. Es una inversión de una hora que puede evitar semanas de angustia durante el embarazo. Pídela cuando estés pensando en buscar el embarazo, no cuando ya des positivo: la mayoría de los factores que se revisan en ella se pueden modificar, pero necesitan tiempo.
Función tiroidea: el detalle que muchas veces se pasa
La TSH merece un párrafo propio porque es el resultado que más se malinterpreta, y la cifra de 2,5 mUI/L circula mucho fuera de contexto. Lo que dice la guía de la American Thyroid Association (ATA, 2017), la referencia en este tema:
- Si ya tomas levotiroxina por hipotiroidismo, conviene ajustar la dosis antes de buscar el embarazo para llegar con una TSH entre el límite inferior de normalidad y 2,5 mUI/L. Y en cuanto des positivo, lo habitual es subir la dosis un 20-30 % (la ATA propone tomar dos comprimidos extra a la semana) y hacer controles cada 4 semanas hasta la mitad del embarazo. Habla con tu médica antes de buscar para tener ese plan preparado.
- Si no tomas tratamiento, una TSH algo por encima de 2,5 pero dentro del rango del laboratorio no es por sí sola un motivo para tratar. Se valora junto con los anticuerpos antitiroideos (anti-TPO) y tu historia: si los anticuerpos son positivos o has tenido abortos, tu médica puede decidir vigilarla más de cerca o empezar tratamiento.
Ajustar la tiroides antes de quedar embarazada es mucho más sencillo que hacerlo en las primeras semanas, cuando las necesidades de hormona tiroidea ya han empezado a subir.
Portadores de enfermedades genéticas
El estudio de portadores permite saber si una persona es portadora sana de enfermedades genéticas que no la afectan a ella, pero que podrían afectar al bebé. En las autosómicas recesivas, como la fibrosis quística o la atrofia muscular espinal (AME), solo hay riesgo si los dos miembros de la pareja son portadores. El síndrome de X frágil funciona distinto: va ligado al cromosoma X, así que lo que importa es si la mujer es portadora de una premutación, independientemente de la pareja.
Este estudio no está incluido en el cribado rutinario del sistema público español salvo que haya antecedentes, en cuyo caso se deriva a una consulta de genética. De forma privada se ofrecen paneles amplios con decenas o cientos de enfermedades, con precios muy variables. Tiene especial relevancia si hay antecedentes familiares de alguna de estas enfermedades, si ambos miembros de la pareja tienen origen étnico asociado a mayor prevalencia de portadores (por ejemplo, la fibrosis quística es más frecuente en población de ascendencia noreuropea), o si ha habido pérdidas gestacionales repetidas sin causa identificada.
Revisión de medicación: lo que hay que cambiar antes de buscar
Hay medicamentos que se deben revisar antes de buscar el embarazo porque son teratogénicos o porque requieren transición a alternativas más seguras:
Antiepilépticos: el valproato está contraindicado en el embarazo por su riesgo de malformaciones y de alteraciones del neurodesarrollo, y desde 2018 la AEMPS exige un programa de prevención de embarazos a las mujeres que lo toman. Si lo tomas, necesitas hablar con tu neurólogo con antelación suficiente para cambiarlo. Con cualquier antiepiléptico, la guía del SNS sugiere revisar la medicación antes del embarazo y tomar 5 mg de ácido fólico.
Isotretinoína (usada para el acné): muy teratogénica. Su programa de prevención de embarazos exige anticoncepción hasta un mes después de terminar el tratamiento y test de embarazo mensual mientras se toma.
Anticoagulantes orales tipo warfarina o acenocumarol: el paso a heparina de bajo peso molecular es el estándar durante el embarazo, pero la transición debe planificarse con el hematólogo.
Metotrexato y otros inmunosupresores: usados en enfermedades autoinmunes, muchos son incompatibles con el embarazo y requieren un período de lavado específico.
Si tomas cualquier medicación crónica, es el momento de revisarla con tu médica antes de empezar a buscar. No la dejes por tu cuenta: en muchas enfermedades (epilepsia, hipertensión, depresión) suspender de golpe es más peligroso que el propio fármaco.
- Hemograma completo y ferritina
- Grupo sanguíneo y factor Rh
- Serología de rubéola y varicela (para vacunarte si no tienes inmunidad)
- Hepatitis B (HBsAg y anti-HBs), VIH y sífilis; hepatitis C si hay riesgo
- Glucosa basal si tienes sobrepeso u otros factores de riesgo
- TSH si tienes factores de riesgo tiroideo o ya tomas levotiroxina
- Toxoplasma, según el protocolo de tu comunidad
- Revisión de medicación crónica con tu médica
- Comprobar calendario vacunal: triple vírica, varicela y hepatitis B si no hay inmunidad (la gripe y la tosferina se ponen ya durante el embarazo)
- Valorar estudio de portadores genéticos si hay antecedentes familiares
- Iniciar ácido fólico 0,4 mg/día al menos 1-2 meses antes (5 mg si hay antecedentes de defectos del tubo neural, diabetes o antiepilépticos)
Estilo de vida: qué influye de verdad
El tabaco reduce la fertilidad, aumenta el riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro y bajo peso al nacer. Dejarlo antes del embarazo es la intervención de estilo de vida con mayor impacto demostrado. No hay un umbral seguro de cigarrillos durante el embarazo.
El alcohol no tiene dosis segura conocida durante el embarazo. La recomendación es cero durante el embarazo; antes de la concepción, la moderación es razonable pero dejarlo completamente al empezar a buscar simplifica la decisión.
Un IMC bajo (18 o menos) o alto (25 o más, y sobre todo por encima de 30) se asocia con mayor dificultad para concebir y mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo; la guía del SNS sugiere consejo dietético y actividad física en ambos casos. Ninguno de los dos se "corrige" en semanas, pero empezar a trabajar en ello antes de buscar el embarazo da más margen.
El ejercicio físico moderado es beneficioso antes y durante el embarazo. No hay que parar de hacer ejercicio para quedarse embarazada.
No olvides a la pareja
El estudio preconcepcional se centra a menudo en la mujer, pero en una parte importante de las parejas con dificultades para concebir hay un factor masculino, solo o sumado al femenino. Tabaco, alcohol y tóxicos también afectan a la calidad del semen. Si lleváis tiempo buscando el embarazo sin éxito, el seminograma y el estudio del factor masculino deberían hacerse en paralelo, no después. Y si tienes más de 35 años, el artículo sobre fertilidad después de los 35 explica cuándo conviene consultar sin esperar.
